Caminando por la inmensa playa China

La playa China (China Beach) es una larguísima playa, ¡30 Kilómetros de fina arena! Esta gran extensión amarilla separa Da Nang -una de las ciudades con mayor población de Vietnam- de Hoi An, la ciudad de juguete.

Durante la guerra de Vietnam la playa China fue utilizada como centro de recuperación y rehabilitación por el ejército americano y, posteriormente, en escenario para multitud de adaptaciones cinematográficas.

Pese al boom mediático generado por Hollywood, la playa China sigue siendo atractiva. Apenas hay algunos resorts y hoteles de lujo repartidos por toda su extensión; por lo que sigue siendo una tranquila y pacífica playa.

Habíamos oído que, a mitad de camino entre Hoi An y Da Nang, había una guesthouse muy acogedora, barata y con buffet libre -comida hasta reventar- por euro y medio al cambio. Sonaba demasiado sugerente como para dejar pasar la oportunidad y, dado que eran algo menos de 20 Kilómetros, decidimos ir andando con nuestras mochilas a cuestas.

No se trataba sólo de ahorrar el billete del autobús, que apenas costaría 20.000 dongs por persona, sino de hacer algo diferente y caminar cerca del mar.

Actualmente 1 euro equivale a 27,415.58 Dongs vietnamitas, por lo que 20.000 dongs del autobus que no cogimos habrían supuesto 73 céntimos de euro.

Recorriendo la playa China
Recorriendo la playa China

Nuestra caminata nos devolvió unos sentimientos similares a los que teníamos cuando hacíamos autostop. Nos volvimos a sentir completamente independientes, capaces y libres. Recuperar estas sensaciones fue algo muy positivo, ya que llevábamos unos días un poco aburridos cogiendo autobuses y trenes. Sin llegar a conectar con la gente ni el país.

Tras los primeros 4 Kilómetros llegamos a la carretera costera, donde una inmensa avenida se extiende con casas a sus alrededores y el mar a nuestra derecha. Allí fue donde Mr. Troy nos llamó la atención; un amable vietnamita nos insistió a gritos, y cogiéndonos del brazo, para que lo acompañáramos a su casa.

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Mr. Troy estaba convencido de que estaríamos hambrientos, caminando bajo el sol, y nos abrió su casa de par en par. Nos ofreció distintos productos típicos vietnamitas, algunos de ellos específicos de las fechas en las que nos encontrábamos –durante la celebración del TET, el nuevo año chino-, tales como rollo de arroz dulce, caramelos, frutos secos en una salsa agridulce, té vietnamita y whiskey de arroz.

Mr. Troy nos abrió las puertas de su casa y de su nevera
Mr. Troy nos abrió las puertas de su casa y de su nevera
Una pequeña parte de lo que disfrutamos con Mr. Troy
Una pequeña parte de lo que disfrutamos con Mr. Troy

Nos contó como planea ampliar su casa, advirtiéndonos que si pasamos por allí el año que viene no seríamos capaces de reconocerla. Nos explicó que sería una casa construida por él, ya que había ahorrado para hacer frente a todos los gastos que podía acarrear. Su estimación ascendía a 5000 dólares. ¡Menos de 4000 euros para construir una casa!

Esto nos recordó cuando Mr. Po, el dueño de la guesthouse donde nos alojamos en Tat Lo (Laos), nos contaba cómo había construido su casa por unos 5000€ al cambio.

Con energías renovadas, y una amplia sonrisa en nuestras caras, continuamos camino a la guesthouse prometida. Durante nuestro recorrido fuimos invitados por varias familias, teniendo incluso que rechazar ofrecimientos ya que sino no podríamos llegar antes del anochecer.

Cada vez que posamos una mochila en el suelo para descansar, se nos acercaba alguien insistiéndonos que le acompañáramos a su casa. La hospitalidad vietnamita nos desbordó.

¡Finalmente llegamos a nuestro destino!
¡Finalmente llegamos a nuestro destino!

Desgraciadamente el día no acabó tan bien como empezó, ya que nos encontramos nuestra guesthouse cerrada, y por consiguiente nos quedamos sin buffet libre. Afortunadamente nos pudimos alojar en un establecimiento vecino durante los siguientes días; durante los que aprovechamos para disfrutar de la playa China.

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Y para descubrir las montañas de mármol (Marble mountains), que albergan multitud de cuevas y templos, y que sirven como suministro para los escultores y marmolistas que se congregan a sus alrededores.

El mejor momento para ir a las montañas de mármol es al atardecer, ya que a partir de las 5:30 -al menos cuando nosotros fuimos- cierran las taquillas pero mantienen las puertas abiertas. Por lo que podemos disfrutar de la última hora de luz, y de un recorrido mucho más tranquilo, sin necesidad de abrir la cartera.

El pueblo a los pues de la montaña de mármol
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Vistas desde las montañas de marmol
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El gran Buda de las montañas de mármol
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Todos nuestros recuerdos de estos días son positivos, tanto la caminata como la playa o la montaña; pero fue una pena que la guesthouse Hoa no estuviera abierta durante el TET, ya que los puestos y restaurantes de los alrededores dejaban mucho que desear.

En cualquier caso, y si pasáis por Hoi An, aprovechad para visitar esta zona. Merece la pena.