Nuestra historia juntos comienza con dos momentos clave.
El encuentro
El primero es, evidentemente, cuando nos conocimos en Riga. Era comienzos de verano de 2011 y yo ya llevaba casi medio año viajando con la mochila a cuestas.
Antes de abandonar la ciudad, le sugerí acompañarme durante sus vacaciones. Yo tenía intención de ir a Ucrania en esas fechas y un traductor me vendría de perlas…
– Y, por cierto Ilze, que sepas que al final vas a dejar el curro y vas a seguir viajando conmigo.
– Sí, claro…
Un mes después nos reencontramos en Polonia, desde donde comenzó nuestra aventura juntos.
– ¿Ya presentaste la carta de dimisión, Ilze?
– Sí, claro…
La aventura
Dos semanas después habíamos acabado en Croacia, el tiempo no había acompañado por Ucrania y decidimos hacer autostop hasta la costa buscando el sol. Pero para entonces iba siendo ya hora de despedirnos: ella tenía que volver a trabajar y yo continuar mi viaje en solitario por los Balcanes.
Ibamos a hacer autostop juntos a Budapest, desde donde ella cogería un vuelo a Riga y yo seguiría haciendo dedo, para variar. Pero resultó que el destino nos jugó una de las suyas, por un par de horas no llegamos al aeropuerto de Budapest a tiempo.
– Ves Ilze, te lo llevo diciendo a diario, tienes que venirte conmigo…
– Sí, claro… ¡Tengo que ir a trabajar!
Tras un par de horas de Ilze revisando vuelos de última hora por más de 200€, le ofrecí hacer autostop juntos hasta Riga. El sí quiero no se hizo esperar. Una vez en Riga no me costó más de una semana convencerla de presentar la carta de dimisión y continuar viajando conmigo por Europa, Marruecos, el Sudeste Asiático y, durante los años siguientes, por medio mundo.
– ¡Te lo dije!
Y así fue. Aquella historia nos llevó a recorrer el mundo juntos durante años, hasta completar la vuelta al mundo en bicicleta. Un capítulo precioso y una parte enorme de este viaje.
