Que no te timen al cruzar una frontera terrestre

Las fronteras terrestres no suelen ser tan modernas como los controles del aeropuerto. A la hora de cruzar fronteras por tierra es importante informarse de la situación en dicho puesto fronterizo, de las opciones y precios del transporte, de la posibilidad de tramitar la visa en la misma frontera o de la necesidad de visitar una embajada del país en cuestión con anterioridad, así como de posibles problemas o cargos extraordinarios que suelan intentar cobrarnos al cruzar la frontera.

Cada frontera tiene su propia historia, y ni siquiera es lo mismo entrar en un país a través de un puesto fronterizo que mediante otro unos cuantos kilómetros más al Sur.

En unos lugares no hay problemas de ningún tipo, todo el proceso se desarrolla de manera rápida, profesional y eficiente; y en otros las pegas, inconvenientes e intentos de vaciarte los bolsillos se sucederán.

¿Un ejemplo de frontera terrestre cómoda?

El puesto fronterizo entre Malasia y Singapur es ideal para el turista. Llegas, te bajas, haces fila, te estampan el pasaporte, vuelves a tu vehículo y sigues tu camino.

La profesinalidad y comodidad recuerdan al control de pasaportes de un aeropuerto. Todo el proceso se realiza en una amplia estancia con múltiples filas y apenas te realizan un par de preguntas antes de darte permiso para visitar el país.

¿Un puesto fronterizo donde te intentarán timar?

El paso de Vietnam a Camboya a través del puesto fronterizo situado en las proximidades de Ha Tien. Pese a tratarse de apenas 6 Kilómetros hasta la frontera y otros 15 hasta Kep, cualquier motorista te pedirá más de lo que habrías pagado si hubieras hecho 200 Kilómetros en autobús desde Ho Chi Minh (capital de Vietnam) hasta Phnom Penh (capital de Camboya).

Este cruce de fronteras no está tan masificado, raro es el turista que cruza por allí, y la población local intenta sacar tajada. Eso sí, esta misma ausencia de turistas hace de Ha Tien una de las ciudades donde el trato de la gente local es más amable y relajado. Sólo los que intentan hacer negocio con los forasteros se preocupan por sacarte los cuartos, los vendedores callejeros te ofrecen directamente sus productos al precio habitual.

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Nuestro plan era recorrer la distancia entre Ha Tien y Kep andando -o en autostop, si surgía la posibilidad- pero, desgraciadamente, nuestros planes se trucaron a causa de la lluvia. Finalmente y tras mucho regateo conseguimos una furgoneta a precio decente que nos llevó hasta Kep junto a otros mochileros.

Una vez en la frontera pudimos ver los errores que comete el turista medio. Nuestros compañeros de viaje eran americanos, canadienses y rusos. Ninguno de ellos había tramitado el visado con antelación ni había revisado información alguna en internet. Todos pagaron precios inflados, más de lo necesario, más que nosotros.

Por el visado les cobraron más de lo estipulado y, pese a que en la misma visa aparece el precio oficial, ninguno de ellos pareció darse cuenta. Desde luego ninguno exigió que se le cobrara lo estipulado.

Posteriormente nos subimos a la furgoneta para volvernos a bajar metros después, este segundo alto era junto a una segunda caseta de control. Allí un supuesto médico comprobaba el estado de salud de los viajeros con un termómetro que debía ser una reliquia familiar, desempolvada tras encontrarla al fondo del trastero y limpiada por última vez durante el siglo pasado.

Tras verificar que no estuvieras gravemente enfermo, te entregaba un papel con la dirección y teléfono de un hospital en Phnom Penh a donde acudir en caso de enfermedad, y te cobraba un dólar por el servicio.

Revisé nuestras opciones decidí dejar pasar a nuestros fugaces compañeros de viaje primero, ya que si montaba una escena al comienzo de la fila le iba a fastidiar el negocio e iba a ser más complicado hacerle entrar en razón.

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Todos fueron pasando por caja, algunos rechazaron que les pusiera el termómetro en la oreja, pero nadie se negó a pagar. Cuando llegó nuestro turno le dije que no tenía que pagar por un servicio inexistente, que tenía seguro médico -que por cierto, no tenía, pero le mostré las cartillas de vacunación como si de una garantía médica se tratara- y que tuviera un buen día.

El doctor nos dejó pasar rápidamente tratando de restar importancia al asunto y evitando que los rusos que nos seguían se dieran cuenta de la artimaña. Pese a que se olieron algo, pagaron religiosamente; no fue hasta que subimos a la furgoneta de nuevo que nos preguntaron si habían sido timados.

Otro ejemplo de frontera problemática sería nuestro paso de Laos a Vietnam a través de Cau Treu.

Trucos para evitar timos en la frontera

Como habéis podido ver, evitar sobrecostes en la frontera es posible, sólo hace falta tener en cuenta una serie de precauciones.

Lo fundamental es informarse, la información es poder. Conociendo el precio oficial de los visados, la posibilidad de acceder gratuitamente con pasaportes de nuestra nacionalidad a determinados países, el derecho a visitar un país durante un determinado periodo de tiempo, o los precios que la gente local paga por el transporte seremos capaces de exigir dichas condiciones o negarnos a acatar sus exigencias.

¿Dónde encontrar información sobre puestos fronterizos?

Para ello -si sois españoles- podéis revisar las condiciones generales de acceso al país en la página de la MAEC, lo más rápido es buscar [nombre del país a visitar] + MAEC en google. El primer resultado os llevará a la página oficial de dicho país de nuestro ministerio de exteriores.

Tras revisar la información oficial allí recogida, es más que recomendable ver qué cuentan otros viajeros en Wikitravel (en inglés, la versión española apenas es de utilidad). Allí podremos ver reportes de entradas y salidas del país, recomendaciones y avisos.

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Finalmente podremos buscar información adicional para corroborar, o para asegurarnos que la información encontrada está actulizada, mediante foros internacionales como el de Thorntree de la Lonely Planet o, de nuevo, tirando de Google.

Alternativamente podéis aprender de las experiencias de otros viajeros blogueros. Aquí tenéis toda la información sobre visas y embajadas que hemos ido recopilando de primera mano, así como nuestras experiencias cruzando fronteras durante nuestros viajes.

Una vez que hayáis decidido qué puesto fronterizo vais a utilizar es importante buscar información sobre dicho paso, ya que cada lugar tiene sus propios trucos y condiciones.

Opciones de transporte para cruzar la frontera

En nuestra búsqueda de información nos habremos encontrado con experiencias de diferentes viajeros, y si hemos tenido suerte de gente local.

En muchas ocasiones es más barato un autobús directo entre dos ciudades grandes de diferentes países que contratar transporte entre dos ciudades próximas a la frontera. Por este motivo conviene asegurarse de no estar complicándose la vida demasiado tratando de hacerlo todo por uno mismo.

En Laos pudimos haber cogido un autobús desde Vientiane hasta Vinh o Hué, pero decidimos hacerlo por nuestra cuenta y cogimos transportes locales. En Laos no tuvimos demasiado problema hasta que nos acercamos a la frontera, donde tuvimos que andar y hacer autostop para poder pagar la tarifa local. Y una vez en la frontera tuvimos una seria discusión y varias caminatas para llegar a Vinh por menos de 5 dólares.

En total gastamos unos 10 dólares, cuando el autobús directo costaba sólo 2 más.

Si no hay transporte barato entre ciudades, o si ya estamos en las proximidades de la frontera, lo mejor suele ser conseguir transporte hasta la frontera y después caminar un rato rechazando las ofertas de las furgonetas que se encuentran en el mismo puesto fronterizo. Unos cuantos cientos de metros más tarde siempre acabas encontrando transporte local a precio razonable.

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Timos habituales en la frontera y cómo reaccionar

Uno de los problemas habituales es que nos exijan un precio inflado por la visa, ante esto debemos negarnos, mostrar información sobre el coste del visado si tenemos algo impreso de alguna fuente oficial, y tomárselo con calma. Estos casos suelen descubrirse previamente con facilidad durante nuestra búsqueda de información, así como la manera de convencer a la policía fronteriza para que nos ponga la visa al precio estándar.

También puede suceder que en el puesto fronterizo nos exijan una tasa de tramitación. Normalmente no es legal, y si nos negamos y les pedimos su número de identificación nos acabarán dejando pasar. Esta información también la podemos encontrar en nuestra investigación previa.

El cambio de divisa suele llevar a toda clase de problemas. Es más que recomedable tener dólares en billetes de pequeño tamaño, especialmente de 1 dólar, así como cualquier otra moneda fuerte en la zona. Si podemos hacernos con algo de moneda local antes de entrar en el país mejor que mejor, en muchos casos podemos intercambiar dinero con algún otro mochilero que esté haciendo una ruta opuesta y haya abándonado el país con algo de dinero encima.

Finalmente está el precio del transporte. En el puesto fronterizo se te acercarán conductores y demás timadores ofreciéndote transporte barato hasta tu destino. Raro será que te ofrezcan un precio razonable, mi recomendación es rechazar todas las ofertas a no ser que coincida con lo que consideráis aceptable y caminéis. Cuando os hayáis librado de los timadores profesionales encontraréis transporte local, o simplemente podréis parar algún vehículo que pase -al estilo autoestopista- y viajar a vuestro destino por la tarifa local.

Eso es todo, ¡informaros antes de cruzar la frontera y no os dejéis timar!