Praga, donde descubrí el autostop

Praga es una ciudad especial para mi, sin lugar a dudas se encuentra en mi top 5 de capitales europeas, pero no sólo por su arquitectura, cervezas y encantos. Fue en la capital checa donde comencé a plantearme el autostop como un medio de transporte allá a comienzos de 2011.

Durante mi estancia en esta ciudad hice varios amigos, uno de ellos llamado Iker. Comenzamos hablando en inglés en un hostel mientras invitábamos a la recepcionista a venirse a tomar unas cervezas cuando terminara su turno, y tras media hora intercambiando relatos y aventuras surgió la pregunta “¿de dónde eres?”.

Tras darnos cuenta de que ambos éramos españoles, y tras percatarnos de lo burros que éramos por no habernos dado cuenta antes, continuamos charlando sobre nuestros viajes mientras comprábamos cervezas en el supermercado por 10 céntimos de euro al cambio.

Iker había llegado a Praga en autostop desde Barcelona, e iba a continuar hasta Moscú, donde cogería el Transiberiano hasta China. Durante los siguientes días exploramos Praga juntos. Disfrutamos de las cervezas checas, visitamos parques y monumentos, salimos de fiesta y, sobretodo, continuamos hablando sobre viajes. Ahí me quedó clavada la espinita de hacer autostop, una que me saqué un mes más tarde haciendo dedo en Holanda.

Parque en Praga

Praga, capital de la cerveza

En Praga descubrimos la cerveza “sin burbujas”. Una cerveza artesanal producida en una docena de cervecerías de la capital checa con una caducidad mucho más breve y que se conserva mediante complicados y caros mecanismos a la temperatura y presión idónea. Sus sabores son exquisitos, y su “fórmula mágica” promete no dejar resaca.

El hecho de que la cerveza sea más barata que el agua en la República Checa, ayuda a que el consumo medio sea de 131 litros por persona y año. ¡El más elevado del mundo! Es algo así como el pan checo.

Te gustará:
La costa de Montenegro en bicicleta

En la rivera del río en Praga

Los 3 días que planeaba quedarme en Praga se convirtieron en una semana: los primeros en el hostel, y los segundos compartiendo habitación en la residencia de estudiantes donde vivía la recepcionista rubia del albergue.

Si tenéis intención de visitar la capital checa tenéis múltiples opciones donde alojaros: podéis conocer la comunidad local de Couchsurfing y probar suerte surfeando un sofá, hacer uso de alguno de los muchos hostels de la ciudad, tirar de hotel, o echar un vistazo a los más económicos apartamentos en Praga en webs como la de GowithOh.

Independientemente de vuestra decisión, intentad dejar margen para alargar vuestra estancia, ya que Praga es una ciudad que engancha.