Escocia en bicicleta: de Edimburgo a Inverness por la costa Oeste

La costa Oeste de Escocia en bicicleta

En Septiembre aprovechamos nuestras vacaciones para recorrer Escocia en bicicleta, una pequeña aventura de 2 semanas de duración en la que nos pondríamos a prueba de cara a nuestro proyecto de dar la vuelta al mundo en bicicleta.

A diferencia de nuestro recorrido por el centro de Inglaterra, que comenzamos en la puerta de casa, esta vez nuestro viaje comenzaría en un tren que nos llevaría hasta Edimburgo. Alguien con un mal día -desafortunadamente- decidió suicidarse en las vías del tren aquella preciosa mañana; lo que nos obligó a pasar el día en estaciones de tren esperando a que restablecieran el servicio, y no nos permitió llegar a nuestro destino hasta el anochecer.

Una vez más, la generosidad de uno de los hosts de Warmshowers nos salvó la noche, ya que pudimos pasarla a cobijo sin tener que salir a la carrera de Edimburgo para encontrar donde poner la tienda de campaña.

Helena nos trató de maravilla pese a tratarse de una petición de última hora, un par de SMS más tarde ya nos habíamos puesto de acuerdo para pasar la noche en su piso en el barrio de Portobello, a las afueras de Edimburgo. Una zona muy tranquila en torno a la playa, la misma costa en la que años atrás asaltaba un castillo escocés. Cómo pasa el tiempo.

De Edimburgo a Oban

Iglesia en Edimburgo, Escocia

Iglesia en Edimburgo

A la mañana siguiente comenzamos a pedalear bordeando la costa y recorriendo carriles bici que cruzaban por los parques de Edimburgo hasta el puente de Queensferry, donde tomamos la ruta ciclista de la costa en dirección a Stirling.

A diferencia de la carretera, las rutas ciclistas escocesas van enganchando caminitos entre pastos y pueblos, por lo que al final acabas recorriendo el doble de distancia mientras disfrutas de unos entornos más relajados.

El monumento a William Wallace, Escocia

El monumento a William Wallace

Nuestra primera noche en la tienda de campaña la pasamos escondidos detrás de unos almacenes en la población de Alloa. Allí tuvimos que parar más de lo deseado debido a un pinchazo en la rueda; otra vez, como ya nos pasó cuando recorrimos el centro de Inglaterra, el primer día de viaje pinchamos.

Nuestro recorrido pasó por Callander, donde retomamos otro sendero off road que nos llevó entre bosques y lagos hasta nuestro siguiente host de Warmshowers en Stratyre, un pequeño poblado en mitad de un parque natural.

El lago Lubnaig, Escocia

El lago Lubnaig

George y Nancy fueron nuestros anfitriones en Stratyre, una pareja muy simpática que planeaban viajar varios meses en caravana por Europa. ¡Lo mismo nos los cruzamos en Francia dentro de un par de semanas!

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De vuelta a la carretera, cambiamos a las rutas para bicicletas, regresamos a la carretera, nos reenganchamos en otro sendero para ciclistas… En algún momento tomamos un desvío incorrecto y, tras varios kilómetros de bajada, nos encontramos en un camino que iba en dirección equivocada.

El GPS del móvil no terminaba de localizarnos con suficiente exactitud, pero tirando de oído y sentido común parecía claro que esta no era la dirección correcta.

Escuchando el lejano sonido de los coches por la única carretera de la zona, tomé la decisión de atajar monte a través por pequeños caminos de trekking y propiedades privadas -imaginaos las caras de Ilze-, con la buena fortuna de regresar a nuestra carretera sin tener que volver a subir la cuesta y evitando lo que nos habría supuesto -después de revisar varios mapas- una vuelta de más de 15 kilómetros extra.

Carreteras, lagos y fish & chips más tarde; acabamos acampando en las proximidades de un riachuelo. Fue terminar de levantar la tienda de campaña y ponerse a llover, justo a tiempo.

La isla de Mull y las carreteras secundarias hasta Mallaig

Nuestra ruta continuó hasta Oban, donde decidimos coger el ferry a la isla de Mull por recomendación de Hellena -nuestra primera host de Warmshowers-. En esta pequeña isla acampamos en el lugar ideal para nuestra tienda de campaña: en frente del mar, en una zona tranquila y alejada de la ya de por sí vacía carretera, con unas vistas preciosas del atardecer y del amanecer, sin midges (odiados mosquitos escoceses) y hasta con una mesa de picnic. ¿Qué más podíamos pedir sin pagar un duro?

Atardecer en la isla de Mull, Escocia

Atardecer en la isla de Mull

La calma de la isla de Mull continúo por las carreteras secundarias de la costa oeste escocesa. Raro era cruzarse con otro coche, hasta el viento nos había abandonado. No así las midges escocesas, que se abalanzaban sobre su única presa en cuento parábamos a echar un trago de agua o a sacar una fotografía.

Los poblados por los que pasamos eran diminutos, tan pequeños que en la mayoría de los casos no tenían ni un bar. La oficina de correos hacía funciones de cafetería, punto de reunión y tienda de ultramarinos.

Pedaleando a través de la niebla en Escocia

Pedaleando a través de la niebla

Una de aquellas tardes, nuestro pedaleo se alargó hasta bien entrada la noche sin terminar de encontrar un lugar que nos convenciera para poner la tienda de campaña. Finalmente nos decidimos por un pedazo de césped apartado de la carretera, el primer pedazo de tierra que veíamos desde hacía horas que no era propiedad privada.

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Parece ser que no sólo nos pareció un buen lugar para pasar la noche a nosotros, ¡sino a buena parte de la población de midges de la zona! Cuando llegamos apenas revoloteaban un par de ellas, pero cuando comenzamos a montar la tienda de campaña nos cubrían todo el cuerpo.

Siguiendo los consejos que nos habían dado, y nuestra propia experiencia personal, llevábamos siempre toda la piel cubierta para evitar picotazos. Al arrodillarme para terminar de montar la tienda de campaña mi camiseta se salió ligeramente del pantalón, con las prisas y el frenesí ni me di cuenta hasta la mañana siguiente, cuando me desperté con escozor en mi cintura… ¡Tenía un cinturón de picotazos por toda mi cintura!

Salir de la tienda de campaña a la mañana siguiente fue otra proeza, ya que la condensación matinal en la tienda provocó la acumulación de midges sobre el textil. Nos llevó un buen rato, y decenas de sacudidas, hasta que conseguimos librarnos de los mosquitos -que acabaron sobre nosotros otra vez-.

Tienda de campaña y sacos de dormir de nuevo en las alforjas, alforjas en las bicicletas, listos para continuar entre montañas, lagos y playas doradas hasta Mallaig. Una vez más se nos hizo tarde, y acabamos llegando a nuestro destino bien entrada la noche.

Nuestra tienda de campaña estaba tan empapada que acabamos descartando el pasar otra noche en ella. La falta de hostales -e incluso de habitaciones libres en los B&B- nos llevó a dormir al aire libre en la estación de tren. Pese a no tener calefacción ni estar completamente cerrada, al menos había un tejadillo. Pusimos nuestros colchones en el suelo, las bicicletas al fondo, sacamos la cocinilla y nos preparamos una cena antes de echarnos a dormir en mitad del pueblo.

La isla de Skye

A la mañana siguiente el primer tren nos despertó, lo que nos ayudó a madrugar para coger el primer ferry que salía a la isla de Skye. Allí nos alojamos en el primer hostal con el que nos topamos, y aprovechamos para poner una lavadora, limpiar la tienda de campaña y y secarla en la zona común.

Tentado de cambiar la bicicleta por un barco, Escocia

Tentado de cambiar la bicicleta por un barco

A la hora de viajar en bicicleta por Escocia es importante marcar los puntos importantes en el mapa. Lo que no te puedes perder. Lo que tiene que estar en tu ruta sí o sí. LOS SUPERMERCADOS.

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Dado lo esparcida que está la población escocesa, y la ausencia de ciudades en la costa oeste, la frecuencia con la que te topas con un supermercado donde rellenar de alimentos las alforjas es bastante reducida. Pueden pasar días sin toparse con una tienda, por lo que es importante no saltárselas y planificar tu ruta de acuerdo a su localización.

Cuando viajas en bicicleta tienes hambre, a fin de cuentas necesitas poner energía en las piernas para mover una bicicleta cargada hasta arriba de alforjas y bolsas. En ocasiones nos pasamos de optimistas y, pese a comprar varias bolsas llenas de kilos de comida, a la mañana siguiente sólo nos quedaban galletas y mermelada.

Tras parar en el primer supermercado de nuestra ruta por la isla de Skye, seguimos hacia la península de Trotternish al Norte de la isla.

La zona Sur de la isla de Skye nos decepcionó un poco, nada llamativo, y hasta aburrido. Pero cuando comenzamos a subir hacia el Norte de la isla fue cuando descubrimos la hermosura de esta isla escocesa.

Sendero a través de la isla de Skye, Escocia

Sendero a través de la isla de Skye

Durante nuestro viaje nos topamos con otro ciclista con el que intercambiamos bromas e historias durante un par de horas de pedaleo. Además de un par de sustos con el tráfico dado lo inmersos que nos encontrábamos en nuestra conversación.

Las vistas son impresionantes, especialmente cuando la lluvia permite ver algo. Y es que estos paisajes tan verdes tienen tanto colorido por algo, la lluvia está siempre presente en Escocia, pero en Skye es donde mayores precipitaciones se concentran a lo largo del año.

Una noche de acampada preciosa en los pastos cercanos a The Old Man of Storr fue el perfecto anticipo para un día soleado; hasta que el vendaval llegó, pillándonos en la punta norte de la isla, en mitad de ninguna parte.

The Old Man of Storr, isla de Skye, Escocia

Pedaleando hacia The Old Man of Storr

Aquella mañana se nos habían acabado los huevos, pero afortunadamente en lugares como este puedes comprar huevos en la carretera sin necesidad siquiera de toparte con un vendedor. Los granjeros dejan los huevos a la entrada de sus fincas junto a una caja donde echas las monedas para pagar, este invento nos resolvió un par de desayunos.

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Pero para huevos, los de aquella tormenta. Nos cogió desprevenidos, pero los lugareños nos dijeron que iba a durar día, por lo que no parecía buena idea pararnos en la zona más deshabitada de la isla. Seguimos pedaleando contra viento y marea en dirección sur, dando la vuelta a la península, intentando llegar hasta el siguiente pueblo.

Vistas del mar escocés desde Skye antes de la tormenta

Vistas del mar escocés desde Skye antes de la tormenta

Allí visitamos el Youth Hostel, pero ni nos permitieron poner la tienda de campaña en su jardín, ni nos dejaron hacer uso de sus duchas sin pasar la noche. Y desde luego no íbamos a pagar más de 20 libras por cabeza en dormitorios separados -ya que no tenían mixtos- sólo por dormir caliente.

Nos tocó hacer lo que mejor hacemos, seguir pedaleando. Seguir pedaleando hasta que viéramos una señal, un lugar apartado y seguro… ¡una iglesia! Fuimos de cabeza, sin pensárnoslo dos veces pusimos nuestra tienda de campaña junto a la cruz, en el césped a la puerta de la misma iglesia.

No paró de llover durante toda la noche, en varias ocasiones pensé que el viento se iba a llevar nuestra tienda de campaña, pero aguantó estable. Ventajas de comprar una tienda de campaña de cuatro estaciones.

A la mañana siguiente seguía lloviendo, por lo que nos quedamos en la tienda comiendo queso, pan y galletas hasta que oímos las voces de los feligreses dirigiéndose a la iglesia. Habíamos bromeado sobre ello toda la noche y se cumplió: fuimos invitados a calentarnos, comer algo y usar los baños tan pronto como abrieron aquella mañana de Domingo.

Por la carretera del Norte hasta Inverness

Arco iris junto al lago Ness, Escocia

Un arco iris nos dio la bienvenida al lago Ness

Nuestra ruta por Escocia continuó por la carretera del Norte, luchando la cada vez más dura y frecuente lluvia, apretando los dientes, tomando analgésicos para la tendinitis que sobrellevé en mi rodilla izquierda durante casi todo el viaje, y cobijándonos bajo los escasos tejados con los que nos encontramos.

Finalmente llegamos a Inverness, la última ciudad de nuestro viaje en bicicleta por Escocia antes de coger un tren de vuelta a Manchester y a la rutina. Llegamos un día antes de tiempo, por lo que aprovechamos la tarde para una última etapa en bicicleta hasta el Lago Ness pasando por las islas del río Ness al Sur de Inverness.

Todas las fotografías de nuestro viaje por Escocia:

Nuestra ruta en bicicleta por Escocia:

12 días, casi 800 km de pedaleo más tarde, y varios trenes de por medio, regresamos a Manchester. Allí trabajamos unos pocos meses más antes de ponernos en marcha para nuestra gran aventura de dar la vuelta al mundo en bicicleta.