De Cantabria a Nueva Zelanda por 5€ al día

El jueves asistí a una conferencia celebrada en Zaragoza en la cual una pareja cántabra expuso sus vivencias, aventuras y experiencias durante 4 años de viaje. Partieron de Santillana del Mar y recorrieron Europa, Oriente Medio, África, Asia y Oceanía para llegar a Nueva Zelanda. Casi todo por tierra y barco, apenas algún vuelo corto cuando no quedaba más remedio.

Me sentí muy identificado con ellos durante toda la exposición, esas experiencias durmiendo en una cuneta porque ningún conductor te recogió esa noche, el recorrerse toda la ciudad buscando un lugar barato donde dormir o un espacio recogido donde echarse a dormir con una cierta despreocupación, el revisar y regatear por todo medio de transporte, comida o albergue que nos toque pagar.

Me llamó especialmente la atención su bravura. No les preocupaba lo más mínimo las posibles guerras o zonas en conflicto que atravesaban, lo hacían con gusto. Como buscaban por todos los medios colarse en las atracciones turísticas, incluso pasando la noche entre los restos arquitectónicos romanos en Turquía. Como comían o dejaban de comer si no quedaba más remedio. En muchos de sus relatos me sentía como si estuviera delante de un espejo, su mirada tenía el mismo brillo que siento cuando estoy haciendo autoestop.

Como todo viajero que lleva tiempo en la carretera, su mayor interés es la gente. Porque si bien la arquitectura y la naturaleza son atractivas, lo que realmente te engancha al viajar es ese conocer culturas y personas, esa pasmosa facilidad con la que alcanzas vínculos con personas completamente diferentes a ti en lugares remotos.

A pocos días de coger el vuelo a Malasia estoy con muchísimas ganas, este mes largo en España se me está haciendo muy cuesta arriba, y ver a estos chicos contando sus experiencias hace que me quiera comer las uñas hasta la muñeca.

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Una pareja encantadora con la que tuve la oportunidad de charlar, tanto en el turno de preguntas como ya a posteriori. Estoy seguro que antes o después nuestros caminos volverán a cruzarse, porque tras esta clase de experiencias ninguno se ve capaz de llevar una vida sedentaria en su ciudad natal.

Todos los que estéis interesados en las aventuras de David y María podéis seguirlas en su blog, de donde están tomadas algunas fotos de su viaje para ilustrar este post.

Como nota curiosa destacar que terminaron su viaje tal y como lo comenzaron, ¡se casaron e hicieron autoestop del Palacio al lugar donde se desarrollaba la fiesta!