Continuamos realizando el Loop hasta la cueva Konglor

Nuestro segundo día realizando el Loop amanecimos en Sabaidee guesthouse. Nos esperaba un día duro sobre caminos de arena y piedras, o al menos eso imaginábamos al ver que la estimación mostrada en nuestro mapa era de 5 a 6 horas para los primeros 40 Kilómetros.

Este día sirvió para reafirmarme en mi opinión de que dos personas, en una motocicleta china, y por esas carreteras… ¡No es una buena idea! Controlar la moto en esos caminos resultaba una ardua tarea y no había descanso para mis manos ni para nuestros traseros. ¡Socavones de medio metro, pedruscos del tamaño de nuestras ruedas, vacas cruzándose por medio del camino o cabras saliendo de entre los arbustos!

Cuando finalmente terminamos con los primeros 40 kilómetros yo estaba algo cansado de maniobrar la moto en esos terrenos, pero Ilze estaba agotada del traqueteo del asiento en su trasero.

Repostando en uno de los puestos esparcidos por todo el camino

Repostando en uno de los puestos esparcidos por todo el camino

El paisaje era más árido que el del primer día, pero aún así merecía la pena

El paisaje era más árido que el del primer día, pero aún así merecía la pena

El polvo rojizo cubría la vegetación en algunas zonas

El polvo rojizo cubría la vegetación en algunas zonas

Otros sufrían el polvoriento camino en peores circunstancias

Otros sufrían el polvoriento camino en peores circunstancias

En la parte final, y poco antes de enlazar con la carretera “buena”, nos encontramos que nuestra ruta estaba cortada. Cortada por motivos de seguridad. ¡Cortada porque había minas antipersona en la zona! Resulta que habían descubierto una nueva mina antipersonal, de la Segunda Guerra Indochina, e iban a proceder a detonarla.

Carretera cortada: minas antipersona

Carretera cortada: minas antipersona

Finalmente, y tras este eterno tramo, llegamos a la carretera 8b; que viene a ser una carretera de montaña más o menos convencional. En nuestro mapa aparecían varias guesthouses al comienzo de la misma, pero decidimos continuar con la esperanza de encontrar algún sitio más interesante donde alojarnos.

Esta parte del recorrido resultaba bastante divertida, con constantes curvas y vistas, pero aquella moto apenas tiraba con nosotros dos, ¡como para tomar curvas en condiciones!

Algunas bonitas vistas durante el recorrido

Algunas bonitas vistas durante el recorrido

Foto tomada desde el mismo sitio que la anterior. Contraste de colores de lado derecho al lado izquierdo del camino.

Foto tomada desde el mismo sitio. Contraste de colores de lado derecho al lado izquierdo del camino.

Ilze llevaba suplicando por una guesthouse donde parar y descansar, pero vimos un cartel hacia unas cataratas y nos desviamos de la ruta. Tras varios kilómetros recorridos sobre arena, con la moto balanceándose y derrapando continuamente; nos dimos cuenta de que no había cataratas. Desconocemos el motivo, pero estábamos suficientemente cansados como para no pensar en ello y volver a ponernos en camino.

Desde uno de los miradores que encontramos en la carretera

Desde uno de los miradores que encontramos en la carretera

Cuando nos acercábamos al desvío hacia la cueva Konglor nos cruzamos con una guesthouse. El cansancio pudo con nosotros y buscamos entre los locales del poblado alguien con llaves de la guesthouse, ya que no había nadie en las proximidades que pareciera a cargo del edificio. Se trataba de un alojamiento muy básico, sin tan siquiera una ducha, pero el cansancio y las dudas sobre dónde estaría la siguiente guesthouse pudieron con nosotros y nos quedamos allí.

Tras pagar y hacerme con las llaves, el chico me dijo que debería introducir la moto en la habitación. Mi cara fue un poema, pero dado que en el contrato del alquiler de la motocicleta me hacía responsable de cualquier posible robo, accedí a su sugerencia; motivo por el cual aquella noche dormimos tres en la pequeña habitación: Ilze, la moto y yo.

En aquel pequeño pueblo intercambiamos sonrisas y sabaidís (el saludo local) con sus habitantes, nos las arreglamos para conseguir una apetitosa sopa de noodles en lao y nos las ingeniamos de nuevo para conseguir algo que llevarnos a la boca para desayunar.

Algunas niñas locales nos saludaron y posaron para nosotros

Algunas niñas locales nos saludaron y posaron para nosotros

La distancia restante con Konglor fue coser y cantar, apenas nos separaban 60 kilómetros de la gran cueva de Konglor y la carretera era mucho mejor de lo previsto. Así que a mediodía del siguiente día (tercero realizando el Loop) ya estábamos aparcando la moto y preparándonos para la siguiente parte de nuestra aventura.

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