Descubriendo Portugal en bicicleta

Portugal. ¡Por fin! Un respiro, aire fresco, un cambio tras la variada monotonía del pedalear por España.

Si bien España tiene una gran diversidad y es evidente el fuerte contraste entre unas y otras regiones, el cruzar una frontera oficial y sumergirse en un país nuevo, con un idioma diferente y algunas costumbres desconocidas siempre es algo de agradecer para un nómada como yo.

Por gracioso que pueda sonar, y pese haber viajado por casi toda Europa y haber pisado unos 40 países, nunca había estado en el país vecino. ¡Y ya iba siendo hora!

Nuestra idea original de recorrer Portugal de Sur a Norte no fue llevada a cabo ya que decidimos cortar por el centro de España, parar en Madrid, y asistir a la gala de entrega de premios a la que nos invitaron como finalistas de #Premios20Blogs.

Pero eso no podía significar que fuéramos a evitar Portugal por completo. Cruzamos la Sierra Madrileña, visitamos Segovia, cruzamos Castilla pasando por Salamanca y, por fin, nos dirigimos hacia la frontera portuguesa.

El uso del casco ciclista no es obligatorio en Portugal

La bienvenida a tierras vecinas no pudo ser más grata, en un día tan caluroso se agradecía sobremanera el poder deshacerse del casco. España es uno de los pocos países del mundo donde es obligatorio el uso del casco, un caso más de sobre regularización y control del Gobierno español, al que tanto le gusta dictar lo que sus plebeyos deben o deben dejar de hacer.

Esto no quiere decir que esté en contra del uso del casco, pero sí de su obligatoriedad, así como de su uso sí o sí sin tener en consideración otros factores.

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En días de calor, bajo el sol, por carreteras tranquilas o en situaciones de reducido riesgo; el casco hace más mal que bien.

Sudas como un cerdo, lo que provoca que se te irriten los ojos; te obliga a limpiarte el sudor de la cara cada pocos minutos -provocando situaciones de peligro al ir agarrando el manillar con una sola mano y reducir la visión- e incluso te puede cegar. Te impide el uso de un sombrero que te tape el sol, lo que provoca insolación y desfallecimiento.

El casco no es recomendable siempre y, en Portugal, con el solazo que pegaba, aproveché para quitármelo de encima. ¡Qué a gusto me sentía!

El auténtico Portugal

Acampada libre en Portugal

Nuestra primera noche en Portugal la pasamos acampando cerca de la frontera. No había prisa y vimos un bosque muy simpático junto a una carretera poco transitada, parecía el lugar ideal.

Nuestro recorrido nos llevó a Guarda, una ciudad con una alta tasa de desempleo pero un alto índice de actividades culturales. Nos quedamos un par de noches con un hippie urbanita, un soñador que vivía en comunidad dentro de los placeres de la ciudad. Han organizado un grupo de gente que comparte y se ayuda, pero sin necesidad de recluirse en una comuna perdida en mitad del monte.

Noche acampanado al lado de la carretera, y llegamos a otra pequeña ciudad, otra maravillosa experiencia con Couchsurfing. Estábamos en la galardonada como mejor ciudad para vivir de Portugal: Viseu. Allí conocimos gente local y extranjeros adoptados por igual.

Continuamos nuestro curso descendiendo por el cauce de un río, a su rivera, con un recorrido relativamente montañoso, hasta la ciudad costera y turística de Aveiro.

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Allí pasamos la noche con otra pareja encantadora, con la que esperamos volver a encontrarnos más adelante. ¿Tal vez en Irán?

Regreso al mar

Viajar en bicicleta por el mar

¡Por fin habíamos llegado a la costa! Cuando pedaleamos hacia Sierra Nevada, saliendo de Almería, no éramos conscientes que iba a pasar tanto tiempo hasta volver a oír las olas del mar desde nuestra tienda de campaña.

La brisa del mar, el aire y el frescor que se respira y vive junto a la costa es algo que se agradece sobremanera cuando se vive de una manera nómada.

Oporto, la belleza del caos

Los colores de Oporto

Nos perdimos Lisboa, pero al menos pudimos visitar su rival: Oporto. Desconocemos cuáles serían las sensaciones en la capital, pero en Oporto la rivalidad se respiraba en el ambiente. ¡Aquello olía!

Nuestra llegada coincidió con la final de la UEFA entre el Lisboa, equipo portugués, y el Sevilla, equipo extranjero. Habíamos alcanzado Oporto bastante tarde, ya se había hecho de noche; pero tras una rápida cena nuestro anfitrión nos ofreció a acompañarle al bar a tomar un café -expresión normal en Portugal para referirse a ir a un bar, independientemente de que vayas a tomar tu dosis de cafeína o a embriagarte hasta terminar todos los barriles de cerveza del local-.

Llegamos justo a tiempo para la tanda de penaltis y aquello fue un auténtico show. Todos los portugueses, en Oporto, apoyaban al equipo extranjero. Todos, absolutamente todos, saltaban y celebraban los goles del Sevilla y las paradas de su portero. Todos festejaron juntos la derrota del equipo de Lisboa, y se burlaron de sus vecinos del Sur con chistes y bromas sobre el maleficio que pesa sobre el Benfica.

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Belleza oculta de Oporto

Oporto tiene un encanto especial, un encanto diferente. No es un ciudad perfecta, ni ordenada, ni con monumentos impresionantes; y esto es parte de ese encanto. El caos y la sensación de decadencia le da un aire fresco y familiar, los colores y manchas de sus calles alegran la vista.

Por la costa Portuguesa hacia España

Playa en Portugal

Teníamos ganas de costa, pero no de ciudades turísticas costeras, lo que impidió que disfrutáramos excesivamente de nuestro paso por pueblos supuestamente encantadores.

En uno de esos pueblitos, en mitad de la carretera, tuve mi primera y única respuesta negativa a mi petición de agua en un bar. En medio año viajando en bicicleta por Europa, nunca un camarero se ha negado a darme agua, salvo aquella tarde.

Le pedí agua del grifo y me trajo una botella. Le dije que no, que muchas gracias, pero que con agua del grifo me valía, y me dijo de mala gana y con mal tono que no me iba a dar agua del grifo, que si quería beber que comprara la botella. Tras mandarle meterse la botella por donde le cupiera, seguí mi camino 50 metros más allá hasta el siguiente bar, donde no tuvieron ningún inconveniente en saciar mi sed con una sonrisa.

Seguramente habríamos disfrutado más si hubiéramos huido de los lugares más turísticos, de la costa, y recorrido viñedos, campos y aldeas; como cuando pasamos por Guarda y Viseu.

Si os planteáis un viaje a Portugal os recomiendo que disfrutéis de las áreas rurales y de Oporto, y que huyáis dentro de lo posible de las ciudades resort. Y, si vais justos de tiempo, siempre podéis buscar recorridos en Oporto y el Norte de Portugal con Viator.

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Despidiéndonos de Portugal

Nuestro viaje por Portugal finalizó tras una última noche acampando cerca de la costa, oyendo el romper de las olas de fondo, una noche más de tranquilidad y paz durmiendo bajo las estrellas.

El punto final llegó cuando cruzamos el puente que nos daba la bienvenida a sus hermanos del Norte, los gallegos. ¡Galicia! Tierra del buen comer y de gente afable.

¡Adeus Portugal! ¡Obrigado por tudo!