¡Peligro! Ve a Estambul en bici y acaba en autostop

La voz de la prudencia no sabe nada sobre el verdadero placer.

¿Qué placer hay en hacer lo que sabías con certeza que podrías hacer? Intenta algo en lo que podrías fallar, sólo entonces descubrirás el verdero placer de vivir.

Habíamos llegado a Turquía en bicicleta, pero el invierno se nos había echado encima. No iba a ser el primero al que nos enfrentábamos en la carretera, tampoco el último.

Nuestro pedaleo hacia Estambul se veía frenado por un fuerte viento de cara. Al mal tiempo, buena cara y a seguir empujando la bicicleta. Fue entonces cuando algo totalmente inesperado sucedió.

Una furgoneta redujo velocidad junto a mi bicicleta y comenzó a hacerme señales de parar. ¿Qué querrá este paisano?

Me adelantó y paró en el arcén en frente mío, por lo que me bajé de la bicicleta y esperé a ver de qué se trataba.

De la furgoneta bajó un hombre con el móvil en la mano, escribiendo en Google Translate: Voy a Estambul, ¿quieres venir conmigo?”

Autostop con las bicicletas y de rebote

Era la primera vez que alguien me ofrecía algo así. He hecho autostop miles de veces con anterioridad, pero nunca alguien se había ofrecido a recogerme sin haber hecho el más mínimo gesto.

Tampoco habíamos puesto nuestras bicicletas en ningún vehículo hasta ahora, salvo para cruzar de Inglaterra a Francia, y porque no había alternativa.

Frente a nosotros el tráfico se acentuaba cuanto más nos acercábamos a Estambul y el viento seguía soplando con energía. La carretera se hacía bastante aburrida; por lo que apenas tardé unos segundos en responder afirmativamente.

Ilze no había visto la furgoneta y se encontraba más adelantada, ya que había parado hacía unos momentos a sacar una fotografía. Por lo que tras explicarle al buen samaritano que teníamos que recoger a mi novia, y meter la bicicleta en la furgoneta, nos pusimos en marcha.

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Un par de minutos después alcanzamos a Ilze, y desde la ventanilla le grité: Hola Ilze, ¿necesitas que te demos un viaje?”

Necesitó un rato para terminar de asimilar lo que había sucedido, y varias explicaciones, pero con una sonrisa puso su bicicleta en la furgoneta para recorrer los últimos kilómetros entre el tráfico loco de Estambul sin riesgo de accidentes.

Varias horas de conversación terminaron con una cariñosa despedida, donde repitió varias veces que esto es, sencillamente, la hospitalidad turca.

Estambul, Europa y Asia

Puesta de sol sobre la Mezquita Azul
En Estambul pasamos un puñado de días, un par de noches con un miembro de Warmshowers y otras tantas con Cemil, un artista turco que nos invitó a su estudio a través de Facebook.

Callejeamos por la capital turca, una ciudad inmensa, donde el barrio donde pasábamos la noche albergaba 2 millones de habitantes, y donde nadie se ponía de acuerdo sobre el tamaño de la misma.

Una ciudad donde alguien que vive a 15 kilómetros del centro, en línea recta, te dice que vive en el centro.

Una ciudad con historia que, simbólica y físicamente, separa Europa de Asia. Con claras diferencias entre una y otra parte de la ciudad, pero un corazón común.

Puente Galata, Estambul

Mezquita Azul, Estambul

Una ciudad con preciosas vistas desde el puente Gálata en el Cuerno de Oro, el Estrecho del Bósforo, y lugares famosos como Hagia Sophia o la Mezquita Azul.

Pese a la riqueza arquitectónica de Estambul, los mejores momentos los pasamos en compañía de aquellos con los que nos encontramos.

Estambul, ciudad de encuentros

Amigos en Estambul, Turquía

Viviendo con Cemil nos encontramos a Soeren, un joven autoestopista alemán que lleva un año de viaje dando vueltas por Europa y con rumbo a Asia. Entre sus 20 kilos de mochila lleva su martillo de herrero, que usa de manera esporádica ofreciéndose para trabajar como orfebre en los países por los que pasa.

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Shirine y Kevin, “The Wandering Nomads”, son una pareja cicloturista que también está dando la vuelta al mundo en bicicleta. Llevábamos siguiéndonos mutuamente durante varios meses, y coincidió que llegamos a Estambul al mismo tiempo; ellos desde el Este, nosotros desde el Oeste.

Shirine e Ilze, chicas viajeras en bicicleta

Como no podía ser de otra manera, quedamos en Estambul para intercambiar historias de viaje. Una pareja encantadora con la que tenemos muchísimo en común y con la que nos reencontraremos antes o después.

Hablando de reencuentros, también nos volvimos a cruzar en Estambul con una pareja de alemanes que habían viajado desde Alemania hasta Turquía en bicicleta, y con los que habíamos compartido experiencias y pedales en las carreteras griegas.

No te limites a observar. Experimenta, actúa.
Ahí es donde se encuentra el verdadero meollo de la vida.

Con las pilas recargadas e historias compartidas, nos pusimos de nuevo en marcha sobre nuestras bicicletas. Abandonando Estambul con rumbo Este, con idea de recorrer la costa del Norte de Turquía pese a los rigores del invierno.