Visa run en Turquía en autostop

Turquía era el primer país en nuestra vuelta al mundo en bicicleta para el que necesitábamos visado de algún tipo.

Hasta hace poco, era posible entrar en Turquía enseñando el pasaporte o, incluso, el carnet de identidad. Pero recientemente se hizo oficial -y necesario- solicitar de forma online la e-visa para Turquía.

El visado para Turquía para ciudadanos españoles ahora mismo cuesta 20 dólares y nos da derecho a permanecer en el país 90 días de los siguientes 180. Es decir, 3 de cada 6 meses.

Pese a que supuestamente es obligatorio obtener el visado online, otros viajeros con los que nos cruzamos se presentaron en la frontera sin el mismo y los funcionarios de turno no parecían estar mucho al tanto -o no lo verificaron- y les dejaron pasar sin visado alguno. Así que siempre puedes jugar a la ruleta y probar suerte.

Siempre viene bien, en caso de duda, revisar las condiciones oficiales actualizadas en la página de Turquía del Ministerio de Asuntos Exteriores.

Ilze, como ciudadana letona, tiene unas condiciones diferentes para entrar en Turquía. Pese a ser Letonia un integrante de la Unión Europea, y desde hace un año de la eurozona, sus tratados con Turquía son independientes -para bien y para mal-.

Con su pasaporte letón, no necesitaba -ni le era posible- solicitar la e-visa, ni pagar, pero el sello en su pasaporte sólo le autorizaba a pasar 30 días en Turquía. Al igual que el resto de ciudadanos europeos, puede permanecer en Turquía 90 de cada 180 días, pero no le otorgan visado por más de 30 días de seguido. Todo un problema cuando pretendes cruzar un país tan grande como Turquía en bicicleta, sobretodo si quieres viajar por el mismo y no simplemente echar una carrera de punta a punta.

¿Qué hacer para extender su visado en Turquía?

Empezamos a darle vueltas al tema, a la ruta y a la posibilidad de salir y entrar de nuevo en el país a través de diferentes fronteras.

Una de las opciones, que descartamos por temores un tanto infundados de Ilze, era la de simplemente pasar más tiempo del permitido en el país. Y, al abandonarlo, recibir la sanción correspondiente.

Si el periodo es de menos de un mes, la cuantía económica no es demasiado alta. Y, en cualquier caso, no te obligan a pagarla sino que te dan dos opciones: o la pagas o no puedes volver a entrar en Turquía durante un periodo de tiempo que puede variar de 3 meses a 2 años. No me parecía un inconviente teniendo en cuenta que vamos a estar dando la vuelta al mundo por tierra durante años, pero a falta de información oficial y vinculante al respecto, prefirió curarse en salud y descartar mi opción preferida.

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Nuestra segunda opción fue la de recortar la ruta, tirar por el Norte hacia Georgia sin pasar por el Sur de Turquía, e intentar llegar hasta la frontera en menos de 30 días. Esta posibilidad fue nuestra elección durante unos días, hasta que hicimos amigos en Estambul y matamos una semana en la capital. Con menos de 3 semanas por delante ya no parecía una opción tan factible.

La tercera opción era hacer un “visa run”. El término “visa run” implica salir del país para volver a entrar, obteniendo de este modo un nuevo visado para permanecer más tiempo en el país. Es un sistema utilizado en países con visados gratuitos de corta duración, especialmente cuando la frontera más cercana está a tiro de piedra o el transporte es barato. En países como Tailandia es bastante común hacer estos “visa run”, de hecho fue allí donde se acuñó el término.

¿Cómo hacer un visa run en Turquía?

Para mi, con mi pasaporte español, no tendría sentido hacer un “visa run”; ya que independientemente de cuantas veces entre y salga del país tengo derecho a permanecer el mismo tiempo en tierras turcas: 90 días de cada 180.

Pero para Ilze, con sus 30 días de estancia máxima de seguido, salir del país y volver a entrar implicaba disponer de otro mes para recorrer Turquía.

Dado que viajamos en bicicleta, no parecía tener mucho sentido ir hasta una frontera para volver a entrar en el país, por lo que comenzamos a plantearnos la opción de coger un ferry a alguna isla griega y volver, o a Chipre. Ambas opciones permanecieron en nuestra cabeza durante bastante tiempo, pero al final decidimos tomar la ruta de la costa norte y “ver que pasa” con su visado, entre otros motivos por el elevado precio de los barcos.

Recorriendo la costa del Mar Negro de Turquía llegamos hasta Zonguldak, ciudad donde hicimos amistades de nuevo a través de Couchsurfing y donde decidimos parar a recuperar energías y aparcar las bicicletas.

Estando en Zonguldak se nos ocurrió probar fortuna en el puerto internacional. Ir allí con toda nuestra cara, charlar con los policías del control de pasaporte, explicarles nuestra situación y ver si nos ponían un par de sellos: uno de salida y otro nuevo de entrada.

Tras charlar con varios de los policías todo parecía listo, no les importaba lo más mínimo y no veían problema alguno; hasta que apareció una policía con nada mejor que hacer que chafar nuestros planes diciendo que eso era ilegal y que no se podía hacer. Pese a que a nadie más le importaba, al final tuvimos que marcharnos sin obtener otros 30 días de visado.

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Volviendo a lo básico, haciendo autostop

Mochila y autostop en Turquía

Con el resto de opciones descartadas, decidimos regresar a nuestros orígenes y hacer autostop hasta la frontera más cercana, la frontera con Grecia o con Bulgaria, lo mismo nos daba una que la otra.

Dejamos las bicicletas con nuestro amigo en Zonguldak, intercambiamos alforjas por mochilas y nos dirigimos a la carretera.

Hacer autostop en Turquía fue una maravilla. Tras dos minutos en la carretera, y con nuestro amigo en su coche todavía observando, paró otro vehículo con 3 turcos dentro, que nos ofrecieron ir directamente hasta Estambul.

5 horas más tarde estábamos en Estambul, desde donde continuaríamos nuestro viaje con rumbo a la frontera. Pero, ¿dónde pasar la noche así, sin planes, en la capital turca?

No se nos ocurrió nada mejor que ir a darle una sorpresa a Cemil, el artista turco con el que nos habíamos quedado cuando llegamos a Estambul en bicicleta hacía unas semanas.

¡Hola Cemil! ¿Nos echabas de menos?

Su cara era todo un poema.

¿Qué hacéis aquí? ¿dónde están vuestras bicicletas? ¡Bienvenidos!

Entre risas y abrazos le contestamos:

Venimos por Navidad, ¡Feliz Navidad!

Y es que encima coincidía que era Nochebuena.

Couchsurfing en Turquía

Pasamos un par de días con nuestros amigos en Estambul, pero ya iba siendo hora de ir a la frontera a obtener un nuevo visado, así que cogimos un autobús urbano que saliera de la ciudad, y una vez en las afueras de Estambul -que es un caos para navegar con su tráfico y extensión- continuamos haciendo autostop.

Desde allí no tardamos en encontrar a alguien yendo en dirección a la frontera. Pero no sólo eso, ¡iban hasta la frontera y volvían!

Se trataba de un par hombres de negocias que se dirigían a comprar unos locales a escasos kilómetros de la frontera y que se ofrecieron a acompañarnos hasta la frontera con Grecia para después darnos otro viaje de vuelta hasta Estambul.

Cuando llegamos a la frontera Ilze se bajó del coche, andó hasta el final de la frontera turca, donde obtuvo su sellado de salida. ¡Adiós! Se dio la vuelta y volvió a entrar con un “buenos días” al mismo funcionario. Sin pega alguna, le puso su nuevo sello de entrada y regreso al coche para volver a Estambul tras varias paradas por el camino para solventar los negocios de nuestros conductores. ¡Otros 30 días de visado conseguidos!

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Autostop siempre con final feliz

Les pedimos que nos dejaran en una estación de servicio, donde confiábamos encontrar algún camión que fuera más allá de Estambul, pero nos insistieron que había otra gasolinera más allá, que aquel no era buen sitio.

Al final resultó que teníamos razón y nos acabaron dejando en el mismo sitio donde nos habían cogido, un lugar bastante malo para cruzar Estambul, y peor aún ya echada la noche. ¿Pero qué le íbamos a hacer?

Eché una carrera hasta un supermercado para comprar provisiones y continuamos haciendo autostop. Varios coches pararon ofreciendo ir a sitios que no nos interesaban, hasta que uno dijo que sí, que el iba más allá de Estambul.

¡Narices! Iba al centro mismo de Estambul, el pero sitio posible para hacer autostop y continuar hacia Zonguldak. La pareja de amigos parecían un poco idos de olla, y no nos inspiraban mucha confianza, y menos aún tras darnos una buena vuelta por las callejuelas de Estambul yendo a dios sabe donde y gritando a cada mujer que andaba por la calle.

Pero como casi siempre, incluso los que peor impresión nos causan de primera acaban sorprendiéndonos. Nos trajeron unos bocatas, nos llevaron hasta una estación de autobuses urbanos yendo hacia las afueras de Estambul en dirección a Zonguldak, y me dio un sobre con algo de dinero para pagar el billete urbano.

En cualquier otra ocasión habría rechazado el dinero, y de hecho lo rehusé un par de veces, pero tras insistir y considerando que era él el que nos había metido en pleno centro de Estambul pese a decirnos que iba al otro extremo, decidí aceptar el “regalo”.

Pese a estar en el rumbo adecuado, habíamos perdido un montón de horas entre los negocios de los primeros y las vueltas por Estambul del segundo, y era noche cerrada y muy tarde para hacer autostop.

Aventuras para dormir haciendo autostop

El autobús nos había dejado en mitad de una carretera muy concurrida en el extrarradio de Estambul, por lo que decidimos hacer autostop mientras caminábamos alejándonos de la capital e intentando encontrar un sitio tranquilo donde poner la tienda de campaña.

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Un par de conductores nos recogieron y nos llevaron unos pocos kilómetros más allá cada vez. Y, finalmente, encontramos un cacho de hierba donde poner la tienda de campaña.

Estábamos agotados tras pasar todo el día en la carretera, y sólo pensábamos en dormir en aquel momento. Pero… ¿¿dónde están las estacas??

Ilze había reorganizado las “cosas de dormir” y, cuando cambió de mochila la tienda de campaña, se le olvidó meter las estacas que necesitamos para sujetarla.

Genial, hemos estado cargando con una tienda de campaña que pesa como un muerto durante todos estos días y cuando finalmente vamos a usarla nos resulta totalmente inútil.

Así que nada, a seguir caminando y encontrar algún otro sitio donde dormir, que el césped está mojado y no parece ideal para dormir sin tienda de campaña.

Unos kilómetros más allá, con Ilze quejándose de lo cansada que estaba, vimos una gasolinera y un porche de un local vacío junto a ella, así que nos dirigimos a poner nuestro saco de dormir y esterilla de camping en dicho porche.

Cuando ya estábamos metidos en el saco de dormir un par de ratas pasaron corriendo sobre nuestras piernas¡Dulces sueños Ilze!

Fue entonces cuando un par de trabajadores de la gasolinera se acercaron a preguntar qué hacíamos. Como todos los turcos con los que nos cruzamos, nos preguntaron si habíamos tenido problema con la gente turca, y como muchos otros, nos dijeron que no había problema para mi para dormir en cualquier sitio, pero que una mujer no podía dormir ahí, o así, que habría problemas.

Tras mucho insistir que no era un problema, y que no pasaba nada, nos insistieron y ofrecieron dormir en la cocina de la gasolinera. Así que una vez más, la hospitalidad turca nos sorprendió y nos salvó de pasar una noche a la intemperie -y con ratas correteando sobre nosotros-.

A la mañana siguiente, nueva sorpresa, e invitación a desayunar con ellos. Con energías renovadas y estómagos llenos regresamos a la carretera a hacer autostop. Caminamos hasta el siguiente peaje de la autopista y en 30 segundos haciendo autostop nos recogió un camionero.

Nuestra ruta hasta Zonguldak continuó sin sobresaltos. Nunca tardamos más de 2 ó 3 minutos en que parara alguien a recogernos y llevarnos unos kilómetros más allá, y unas horas más tarde llegamos de vuelta a Zonguldak.

Así es como realizamos un “visa run” en Turquía en autostop, ya que para poder recorrer el país en bicicleta tuvimos que hacer dedo.