Mercados flotantes y el delta del Mekong

Nos levantamos a las 6 de la madrugada, la cual es una buena hora para visitar los mercados flotantes del Mekong, ya que aún se puede respirar el ambiente local sin estar rodeado de turistas.

Y nos dirigimos al río, donde tras un duro regateo, conseguimos un bote que nos llevara de visita a dos mercados flotantes y por los pequeños canales del delta del Mekong. Un recorrido de más de 6 horas por 200.000 dongs.

1 euro son unos 27.000 dongs vietnamitas, por lo que 200.000 dongs equivalen a 10US$ o a 7,2€. Poco más de un euro la hora, frutas y combustible incluido.

El primero de los mercados visitados era fundamentalmente de mayoristas; barcos relativamente grandes, cargados de verduras hasta el mástil, ofrecían sus productos a pequeños y medianos comerciantes.

Los mercados flotantes son un trajín de remos, motores, verduras, frutas y dinero
Los mercados flotantes son un trajín de remos, motores, verduras, frutas y dinero
Las frutas desbordan la capacidad de carga de los botes y barcos
Las frutas desbordan la capacidad de carga de los botes y barcos
En los mercados flotantes encontramos botes de todos los tamaños
En los mercados flotantes encontramos botes de todos los tamaños
Una niña vietnamita nos observa desde el camarote
Una niña vietnamita nos observa desde el camarote

Era curioso precisamente, como utilizan el mástil para mostrar los vegetales que tienen en oferta. En lugar de una bandera clavaban el producto para dejarlo bien a la vista.

No faltaban, eso sí, pequeños barcos ofreciendo sopa de noodles o café. Si bien rechazamos estas proposiciones ante el elevado coste que supusimos que tendrían.

Los mástiles muestran los productos que ofrecen
Los mástiles muestran los productos que ofrecen
Los grandes barcos echan ancla y esperar a que los pequeños botes se aproximen
Los grandes barcos echan ancla y esperar a que los pequeños botes se aproximen
Los mercados flotantes son preciosos tanto al detalle como en la distancia
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Dejando atrás el primer mercado flotante
Dejando atrás el primer mercado flotante

El recorrido por el Mekong, entre mercados, se hacía un tanto aburrido por momentos; pero cada cierto rato podíamos vislumbrar un pedacito de realidad vietnamita. Casas hechas de tablones de madera, mujeres haciendo la colada en las aguas marrones del río o, incluso, preparando la comida con dicha agua.

Las casas que rodean el Mekong no muestran atisbos de grandeza
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Un niño vietnamita descansando con el casco puesto al borde del Mekong
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La pobreza es la norma, pero el colorido también
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El segundo mercado al que nos dirigimos fue mucho más atractivo. Los botes eran pequeños y redondeados, al estilo vietnamita, y los productos se intercambiaban en menores cantidades.

Los colores y los olores impregnaban el ambiente, el intercambio de frutas y dinero era un trajín aparentemente sin fin, y los sonidos de los remos y las voces de los locales parecían tener un ritmo propio.

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Los mercados flotantes duran toda la mañana y parte de la tarde
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¡Los hemos probado! ¡Esos sombreros vietnamitas son la mar de cómodos!
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El negocio no para en los mercados flotantes
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Pero siempre es posible parar a tomar un respiro
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Es posible encontrar toda clase de verduras y frutas
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Tras la visita a los mercados nos dirigimos a las laberínticas callejuelas del delta del Mekong. Dado que íbamos en un pequeño bote pudimos recorrer estos pequeños canales, que pasan inadvertidos para las grandes embarcaciones de turistas.

Nuestra barquera capturó un pez, nos ofreció dulcísimas frutas tales como piña, jackfruit y sandía; algunas de las frutas más jugosas que habíamos probado nunca; y se dedicó a las manualidades, ofreciéndonos diversos regalos tales como dragones, pulseras y anillos.

Llegado el momento desembarcamos para pasear entre arrozales y pequeños poblados, pudiendo ver de esta manera el modo de vida de los habitantes del delta vietnamita.

Nuestra barquera recorriendo los canales del Mekong tras dejarnos en tierra firme
Nuestra barquera recorriendo los canales del Mekong tras dejarnos en tierra firme
Capturando un pescado en el río
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Vistas de los arrozales en los alrededores del Mekong
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Nuestra barquera nos ofreció un dragón
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Sin lugar a dudas fue una experiencia maravillosa de la que guardamos gratos recuerdos y mejores sabores.

¡Hasta la próxima!
¡Hasta la próxima!