63 Curiosidades de Irán: 3 meses en bicicleta

Irán es un país de contradicciones, anclado en el pasado y en la religión por un gobierno puesto a dedo. El pueblo iraní no es su gobierno, y no se podría diferenciar más del mismo.

La hospitalidad persa es asombrosa, su gastronomía espectacular y resultan un lugar extremadamente llamativo debido a lo curioso que resulta y a los fuertes contrastes.

Durante nuestra vuelta al mundo en bicicleta, pasamos 3 meses recorriendo Irán en 2015 -salimos del país un par de días después del anuncio del acuerdo para el levantamiento de las sanciones- y estas fueron algunas de las curiosidades que nos llamaron la atención.

1. Visado y entrada a Irán en bicicleta

Si al solicitar tu visa para Irán indicas que viajas en bicicleta, tu solicitud será rechazada.

De hecho, te rechazarán directamente la carta de invitación que necesitas para pedir la visa. Lo curioso del asunto es, que una vez llegas con tu bicicleta a un puesto fronterizo iraní, nadie te pone pega alguna.

Y, una vez en Irán, incluso yendo a extender el visado de turista te ayudará el hecho de viajar en bicicleta para que aceleren el proceso y no te tengan esperando una semana.

Aquí tienes nuestra experiencia y toda la información sobre la visa para Irán.

2. Música en Irán

La única música aceptada en Irán es la música folclórica iraní y la música pop-folk, pero una vuelta por cualquier ciudad iraní te sorprenderá con todo tipo de música emergiendo a todo trapo de sus coches, casas y tiendas.

¡Hasta Enrique Iglesias tiene éxito en Irán!

3. Tarof.

¿Es la primera vez que lo oyes? Si vas a Irán tal vez no sea lo primero que oigas, pero todo lo que cualquier persona haga está condicionado por el tarof.

¿Qué es tarof? Tarof es una manera de relacionarse y actuar basada en la tradición y la hospitalidad persa. Una costumbre en la que se ofrecen los servicios, especialmente al forastero, de manera gratuita.

Voy a una tienda en Irán a comprar queso, huevos y tomate. Me dirijo al mostrador y le pregunto cuánto cuesta.

– Nada, nada.
– ¿Cómo que nada? En serio, cuánto cuesta.
– Es gratis, no quiero tu dinero.
– ¿Estás seguro?
– Bueno, vale, son 6.000 toman.

También funciona en sentido contrario, cuando alguien te ofrece algo, si haces tarof, debes rechazarlo. Y así en repetidas ocasiones. Tras varios ofrecimientos lo aceptarás y darás las gracias.

– ¿Tienes hambre? ¿quieres cerezas?
– No, gracias.
– ¿Seguro?
– Sí, sí. No quiero nada.
– Ok…
– Bueno, vale, sí que quiero. Gracias.

Esto se aplica también a nuestras respuestas. En ocasiones estamos descansando a la sombra de un árbol, con intención de volver a subirnos a la bicicleta al poco rato y seguir pedaleando.

Alguien llegará y nos ofrecerá ir a su casa a descansar.

– No, gracias, no, vamos a continuar pedaleando en breve.
– Venga, vente a mi casa.
– No, no, gracias.

Me agarra de la mano y me insiste que vaya con él.
– No, no, en serio. No.
– Que sí hombre, claro que quieres.
– Que no quiero.
– Que no es tarof, que te digo en serio que te vengas a mi casa.
– Que no, que no quiero, que no es tarof, que quiero seguir pedaleando…

El problema surge cuando el tarof se aplica a todo, es entonces cuando la realidad y la ficción son imposibles de distinguir y al final no sabes cuándo alguien ofrece algo de manera genuina y cuándo simplemente lo hace por cumplir.

Nos han ofrecido incluso construirnos una casa para que vivamos junto a ellos, y cuando alguien nos invita a su casa nos preguntan cuántos meses nos quedaremos. ¿Hasta qué punto están hablando en serio?

3. La economía de Irán.

Debido a las sanciones económicas, Irán tiene un mercado limitado y su principal negocio es la venta de petróleo y gas natural a China.

Mantienen buenas relaciones con Rusia a la que exportan comida. En menor medida, exportan aceite a China y Japón. Gas a Turquía y Armenia. Además de azafrán y caviar a varios mercados.

La exportación más curiosa va a parar a China, y es que los iraníes se comen el pollo y les mandan las patas a los chinos.

4. Petróleo en Irán

Irán posee una de las mayores reservas de petróleo del mundo, así como de gas natural. Lo curioso es que pese a tener una barbaridad de petróleo necesitan importar la gasolina ya que carecen de la tecnología necesaria para producirla.

5. Tecnología iraní

Esta carencia de tecnología afecta todos los campos. La calidad de fabricación de toda clase de productos es muy baja: coches que se caen a pedazos, ropa que se hace trizas y aparatos electrónicos como MP3s que duran más bien poco.

6. ¿Bombas nucleares?

Estábamos en casa de un amigo en Irán durante nuestras primeras semanas, y nos disponíamos a comer algo.

Había pan y una tarrina de queso fresco en la mesa. Al intentar abrirla por el abre fácil, éste se rompió. Un problema inherente de cualquier abre fácil en Irán, aún no he encontrado uno solo que funcione.

Nuestro anfitrión cogió el cuchillo entre risas para cortar la cubierta mientras nos decía: ¿De verdad creéis que somos capaces de hacer bombas nucleares en Irán? ¡Pero si no podemos ni cerrar una tarrina de queso!

7. Sí, quiero

Estamos en una boda y llega el momento de dar el sí quiero. Le preguntan a la novia: ¿quieres tomar a este hombre como tu marido? Silencio.

Entonces las mujeres en primera línea dicen a coro: “¡La novia se fue a recoger flores!”.

Preguntan de nuevo, “¿quieres tomar a este hombre como tu marido?”. De nuevo, a coro, “¡La novia no está! ¡Se fue al mercado!” Y, por tercera vez, “¿quieres tomar a este hombre como tu marido?” Sí, quiero.

De nuevo, un caso de tarof llevado al extremo. Una mujer no puede aceptar a su marido de primeras ya que sería “demasiado fácil”.

8. Celebraciones de boda

El gobierno islámico no considera adecuado que hombres y mujeres con vestidos sensuales compartan espacio, por lo que muchas bodas se celebran por separado. Hombres por un lado, mujeres por el otro.

En Rasht acudimos a una boda. Si celebras la boda en algún salón en el centro de la ciudad, hombres y mujeres irán separados. Pero si lo haces a las afueras, es posible que el restaurante en cuestión permita hacerlo juntos -tras sobornar a la policía-.

Desgraciadamente, el jefe de policía de la región decidió endurecer el control y nuestros anfitriones se encontraron con una desagradable sorpresa. Tras haber pagado por la fiesta les dijeron que iban a tener que hacerla separados, y que si no les gustaba no les devolvían el dinero.

Así que, pese al disgusto por parte de todos los asistentes, no les quedó otra que celebrarla cada uno por su lado.

El hacer las bodas de manera separada o no depende de la región, y del jefe de policía de la zona. En unos sitios es más fácil escabullirse que en otros, y a veces es posible celebrarla en algún jardín en el campo. Aunque incluso en esos casos lo normal es que haya que sobornar a la policía ya que, de una manera u otra, acaban apareciendo por allí.

9. Religiones aceptadas por la constitución iraní

Sólo cuatro religiones son aceptadas en Irán: el musulmán, el cristianismo, el judaísmo y el zoroastrismo.

Todas las personas en Irán deben seguir las tradiciones musulmanas impuestas por el gobierno a modo de ley, pero las otras religiones oficiales son toleradas y se les permiten algunas excepciones para sus ritos religiosos.

Cualquier otra religión -o carencia de religión- es ilegal y perseguida.

10. Discriminación religiosa en Irán

Si tu religión no es una de las anteriores, entonces tienes un problema. Pasamos varias semanas con una familia bahaí -de la Fe Bahá’í- y sufren una auténtica persecución. No pueden acceder a estudios universitarios, ni a un puesto de trabajo público.

En algunas competiciones deportivas no se les permite participar, y en otras -si ganas- no te dejarán recoger tu premio.

El maltrato es inhumano y el gobierno les fuerza al exilio. Aproximadamente la mitad de los bahaíes acaban saliendo de Irán para vivir en América -o eso nos contaron ellos-, mientras la otra mitad sobrevive en Irán como ciudadanos de segunda clase.

11. Pueblos bahaíes

Poblaciones constituidas por integrantes de religiones no aceptadas, como la bahaí, son abandonados por el gobierno en un claro intento de aislaras y forzarlos a buscarse otro país donde vivir.

Pasamos una tarde en un pueblito bahaí en las montañas donde lo único que había renovado el gobierno en los últimos años era la mezquita -abandonada, ya que nadie es musulmán allí- a la entrada del pueblo.

Las tuberías son viejas, el tendido eléctrico se cae a cachos, sufren cortes de agua y electricidad, no disponen de internet, las carreteras no son tales, pero una mezquita sí que se molestaron en ponerles. Para tocar las narices que no falte.

12. La falta de copyright en Irán

En Irán el copyright no es aceptado, lo que implica que cualquier falsificación o copia es legal. Copias piratas son vendidas con total impunidad en negocios legítimos.

13. Marcas

Esto mismo provoca que por las calles veamos multidud de McDonalds falsos, tiendas de Zara -para que parezcan más reales ponen bolsas de papel de Zara en los escaparates- o restaurantes con el logo y letras del F.C. Barcelona.

Obviamente no son más que plagios, y la población iraní se lo toma a broma en los casos más extremos. Pero con los Zaras, por ejemplo, no tengo tan claro que sepan que esas tiendas no son realmente de Zara.

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14. Coches iraníes

Los únicos coches que se pueden comprar a un precio decente son los fabricados en territorio iraní. Marcas francesas venden su línea de producción de coches de hace 20 o 30 años para ser fabricados en Irán.

Los coches importados cuestan 2 o 3 veces más, ya que acarrean una increíble cantidad de impuestos. Hay áreas llamadas “Free Zone”, donde es posible comprarlos sin impuestos, pero con una matrícula especial que sólo permite su uso en esa región, pudiendo sacarlos de allí únicamente unos pocos días al año.

15. Intereses bancarios en Irán

Los intereses en los bancos iraníes son realmente altos, así como la inflación. Aunque esta última se ha moderado en los últimos años. Es posible obtener un interés del 20% en depósitos bancarios.

16. Pago de alquiler mediante depósito

Debido al alto interés de los depósitos y préstamos, y a la fuerte inversión en vivienda, un negocio paralelo surge.

Es posible alquilar una vivienda sin que te cueste un céntimo, sólo necesitas ahorros y sacrificar los intereses.

¿Quieres alquilar un piso nuevo en una buena zona? En lugar de pagar al mes, realiza un deposito a tu casero que cubra todo el año -por un importe total 3 ó 4 veces más alto de lo que pagarías alquilando normalmente- y, cuando el alquiler venza, éste te devolverá tu dinero.

Él se ahorra pedir un préstamo y tú renuncias a la posibilidad de invertir ese dinero -además de devaluarse-.

17. Hijab en Irán

El hijab es el pañuelo iraní, obligatorio para toda mujer en Irán, que cubre el pelo y el cuello. Dependiendo de la zona se tolera el que cubra más o menos, caído hacia la parte de atrás de la cabeza y dejando parte del cuello al aire, o cubriendo toda la cabeza salvo la cara. A Ilze le encanta llevarlo, sobretodo mientras va en la bicicleta. Ironía off.

18. Prohibiciones sin sentido

¿Quieres darte un baño en el río? Oh, lo siento, está prohibido. ¿Quieres ir al mar? Oh, lo siento, está prohibido.

– ¿Por qué no me puedo bañar en el río? Le pregunto a un iraní.
– Oh, no sé, es peligroso.
– ¿Peligroso? Pon un cartel de “peligro” o “cuidado”, ¿pero por qué prohibirlo?
– Oh, no sé
, es que el agua va muy rápido. Suspiro.


– ¿Por qué no me puedo bañar en esta playa?
– ¡Es que cubre mucho!
– ¿Y cuál es el problema? Quiero bañarme, ¡no andar en el agua!

19. Peligro en Irán

Esta prohibición constante provoca una auténtica lobotomía gubernamental de la población iraní. Dado que hasta lo más normal está prohibido, todo es peligroso.

Cuando por fin encuentro una playa donde no hay cartel de prohibido, me meto todo feliz en el agua con un amigo iraní y comienzo a nadar.

– ¡Dónde vas!
– ¿Cómo que a dónde voy? A nadar…
– No puedes ir tan lejos, es peligroso, cubre mucho.

Mi cara lo decía todo. ¿Peligroso? ¿Cubre mucho? ¡Pero si me llega por debajo de la cintura!

Otro día acampo en una playa, alejándome todo lo posible del parking y del bar, para que no me den la lata y me dejen dormir sin preguntas ni ruido.

Estábamos increíblemente cansados y queríamos que nos dejaran en paz, pero no tardaron ni media hora en venir con linternas a hacer preguntas. En lugar de salir de la tienda de campaña, dar un poco de conversación como suelo hacer, rechazar sus ofrecimientos de ir a su casa, y volver a mi saco de dormir; esta vez les dije a gritos en repetidas ocasiones que me dejaran en paz.

Cuando ya estaba a punto de echarme a dormir, luces de nuevo. ¿Qué quieres? Déjame en paz, quiero dormir.

Voces junto a la tienda de campaña, las luces de un coche directamente en la tienda. Cabreado salgo del saco de dormir en calzoncillos y me dirijo al exterior con esas pintas para ver si así me dejan tranquilo de una vez.

Al salir, esta vez, no eran sólo los mismos que antes, sino que con ellos estaban un par de policías que me piden el pasaporte.

– Que sólo quiero dormir, dejadme tranquilo.
– Pasaporte.
– Joder.

Vuelvo a salir, esta vez con unos pantalones y el pasaporte.

– No puedes dormir aquí, es peligroso.
– ¿Peligroso? No. Es seguro. Quiero dormir.
– No, es peligroso, tienes que ir allí, junto al bar, donde la luz.
– ¿Donde la luz? Que quiero dormir, no hacer una fiesta. No quiero luz.
– Sí, es peligroso aquí a oscuras.
– No, no es peligroso, déjame en paz, quiero dormir.

Tras insistir durante media hora, por fin me dejan volver a dormir y los coches se van.

30 minutos después llegan más coches, otro coche de policía diferente con otro uniforme.

– Pasaporte.
– ¿Otra vez?
– Pasaporte.
– Déjame dormir.
– Pasaporte.
– Vete a cagar.
– Pasaporte.
– Joder.

Salgo de la tienda de campaña de nuevo, con la ropa colgando y el pasaporte en la boca.

Esta vez eran 3 policías, el tercero de la secreta. Coge el pasaporte y se dedica a rellenar algún formulario, mientras los 3 me insisten que me tengo que ir, que es peligroso.

– No, no es peligroso.
– Sí, tienes que irte a la luz.
– No. Para mover la tienda tengo que vaciarla y desmontarla, me voy a tirar una hora como poco entre pitos y flautas, y no voy a poder dormir con el ruido y la luz.

Obviamente, su nivel de inglés se limitaba a 2 o 3 palabras. Ellos hablaban en farsi y yo en inglés. La única palabra en inglés que decían era “passport”, “danger” y “go”.

Nuestra conversación se repitió en un bucle infinito que duró otra media hora, hasta que al final se hartaron y me dijeron que podía ir a dormir.

Me metí a la tienda de campaña con mi pasaporte y un buen puñado de picotazos de mosquito, pero tras otros 15 minutos me volvieron a llamar.

Esta vez contesté en español que se fueran a paseo y otra serie de improperios, pero al final tuve que salir de nuevo. Ahora estaban los 2 policías del principio y 2 más de los de después.

– ¿Ahora qué?
– Pasaporte.
– Vete a la mierda ya.
– Pasaporte.
– ¿Para qué lo quieres? Sácale una foto y déjame en paz.
– Pasaporte.
– …

– No puedes dormir aquí, es peligroso.
– ¿Peligroso?
– Sí, los coches pasan cerca.
– Los únicos coches son los vuestros, pesados, y están a 10 metros.
– Pero no te van a ver, no hay luz.
– Tú bien que me viste, ojalá no me hubieras visto y me hubieras dejado dormir.
– Pero no te van a ver.
– Eso espero.
– Es peligroso.
– No.
– Sí.
– No.
– Sí.
– No.
– Toma, tu pasaporte, puedes dormir.
– Aleluya. Adiós. No me molestéis más. Inshallah.

Se van, me meto al saco de dormir. ¿Será esta la última vez que me despierten? Cierro los ojos y me duermo.

Pasarían unos 40 minutos cuando las luces de dos coches enfocan de nuevo la tienda de campaña.

– ¡Hola! Pasaporte.
– …

Salgo de la tienda y 2 de los policías que de antes y uno nuevo que hablaba 5 palabras en inglés en lugar de 3 me repite la misma historia que los anteriores.

– No, no es peligroso, dejadme en paz.
– Sí, es peligroso, la luz…
– No quiero luz, déjame en paz.
– La carretera…
– La carretera está a 10 metros, déjame en paz.
– ¡Pero alguien vendrá a robarte u os atacará con un cuchillo!
– El loco con el cuchillo voy a ser yo como no me dejéis en paz.
– ¡Pero hay perros! Son muy peligrosos.
– ¿Perros?

Ahí ya me entró la risa.
– Que me dejéis en paz, que quiero dormir.
– Bueno, venga, buenas noches.
– Adiós.

20. Forma de conducir

Los iraníes son conductores temerarios. Conducen sin cabeza y sin preocuparse lo más mínimo por las consecuencias. La mayoría de los coches no están en un buen estado.

Durante las semanas que tramitamos los visados para Asia central dejamos las bicicletas y estuvimos haciendo autostop.

Tuvimos conductores con coches importados nuevos que nos decían que no nos preocupáramos -poco después de tener un buen susto que casi acaba en accidente- ya que el coche tiene 6 airbags. Que no pasa nada si nos empotramos.

Otro conductor me pregunta si he tenido algún accidente en coche, que si aún no he tenido ninguno lo podemos tener ahora para “desvirgarme”. No, no, gracias.

Cuando vamos pedaleando vemos a coches pasar a escasos centímetros de nuestras bicicletas, sin el más mínimo margen de error.

Pero lo peor no son las distancias laterales, sino los frenazos. En Irán la mayor parte de los vehículos hacen funciones de taxi, y estos paran ante cualquier caminante para ofrecer sus servicios.

Yendo en bicicleta vemos constantemente coches adelantarnos para frenar en seco justo nada más incorporarse enfrente nuestro. Tras varias malas experiencias nos hemos acostumbrado a pedalear por la parte izquierda del carril derecho, en lugar de por la derecha. De este modo tenemos una escapatoria cuando uno de estos locos al volante se nos cruza en transversal.

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21. Precio de la gasolina en Irán

Es costumbre humana el quejarnos de todo, así que los iraníes se quejan del precio de la gasolina. Pero si lo comparamos con el precio en Europa se queda en migajas. Un litro de gasolina costaban 20 céntimos de euros al cambio en 2015, unas 6 ó 7 veces menos que en España.

22. El coche para todo

El verdadero motivo por el que se quejan del coste de la gasolina es porque la despilfarran que da gusto. Los iraníes cogen el coche absolutamente para todo. Si la familia tiene un solo coche, y el marido se lo ha llevado a trabajar, la mujer hará uso de un taxi o un amigo con coche. Ni se plantean ir andando al mercado, incluso si está a menos de 200 metros de distancia.

¡Vamos de excursión! Con frecuencia nos invitan a ir de picnic a la montaña y nos ponemos en estado de alerta. Preguntamos si vamos a hacer algo de senderismo, a caminar en el monte, y te dicen que sí, que claro.

Al final acabamos yendo 2 ó 3 horas en coche para parar al lado de la carretera en un lugar sin vistas donde hay otro montón de coches aparcados. Nos sentamos, comemos, andamos hasta el baño, recogemos y hacemos otras tantas horas en coche para regresar al punto de partida.

Y eso sucede una y otra vez, cada vez que alguien nos invita a ir al monte. Extrañas costumbres.

23. Inglés a la española

El iraní medio no habla inglés. Pero la timidez la perdieron al nacer, por lo que no se les rasgan las vestiduras para intentar comunicarse con su “Hello!”, “Welcome to Iran”, “Thank you!” y/o “Where are you from?”.

Normalmente no pasan de estas 4 expresiones básicas, y esto se debe a que en la escuela el inglés se estudia para pasar los exámenes escritos; del mismo modo que lo estudié yo en el colegio en España. Sin practicar la conversación ni hacer hincapié en la comprensión oral ni la fonética.

Del mismo modo que sucede en España, las películas y series están todas dobladas al iraní. Por lo que no se acostumbran a hacer oído.

24. Buena parte de Irán es desierto

Hacía tanto calor que huimos de la zona Sur de Irán para pasar más tiempo en el Norte, donde el clima es más templado aunque también más húmedo.

Haciendo autostop hasta Isfaján pudimos comprobar que el verde desaparece del margen de la carretera y que lo único que la rodea es un radiante marrón, resplandeciente por el sol que todo lo abarca.

¡Qué calor! Queríamos seguir yendo hacia el sur, pero por motivos burocráticos teníamos que regresar a Teheran y ya nos daba algo de pensar que teníamos que volver a atravesar toda esa zona de calor asfixiante para continuar yendo hacia el Sur a pasar aún más calor.

25. El Norte de Irán

A las orillas del mar Caspio -el lago más grande del mundo- el clima y la vegetación cambia por completo.

El norte de Irán está separado por una cordillera montañosa que da vida a esta zona costera. Una densa jungla se extiende por la ladera de las montañas hacia el mar Caspio, con una increíble vegetación y altísimos niveles de humedad. Nos recordó a Malasia.

Tras descender de las montañas hasta las llanuras de la costa, los campos de arroz cubren buena parte del terreno.

26. Pilotos de autobús

Es curioso ver el atuendo de los conductores de autobús, con pantalones de vestir azul marino y camisas blancas con hombreras con franjas haciendo una mímica absoluta de las de los pilotos de avión.

27. Frutas verdes

En Irán disfrutan de una inmensa variedad de frutas y verduras, pero algo curioso es que recogen la cosecha de muchas de ellas cuando están todavía verdes. Comen almendras verdes, melocotones y ciruelas verdes. ¡Y les encanta!

Nuestros estómagos no terminaron de aclimatarse a comer frutas verdes, y de vez en cuando tuvimos problemas intestinales. Pero el sabor y textura es interesante.

28. La increíble hospitalidad persa

Si por algo nos abrumó la gente iraní es por su hospitalidad. Ya nos había sorprendido la proximidad de la gente en Turquía y Armenia anteriormente, pero lo de Irán es un escalón por encima de cualquier otro país donde haya estado. Es increíble.

Cuando realizas viajes de larga duración, viajando de manera independiente, lo que buscas es el contacto con la gente. Y nada se puede agradecer más que el pasar una noche con una familia local, compartiendo conversación, viendo cómo viven en su propio hogar y degustando comida casera.

En Irán los ofrecimientos a pasar la noche con una familia no eran algo esporádico, sino diario. Hasta tal punto que, en el mismo día, nos podrían ofrecer tantas veces el quedarnos en su casa que ya no sabíamos que hacer para poder seguir pedaleando sin ser desagradecidos.

No sólo eso, si alguien te invita a su casa te está haciendo un favor. Pero en Irán parecía que nosotros fuéramos los que les hacíamos el favor a ellos dada la cantidad de veces que nos darían las gracias.

Familias invitándonos a desayunar, para posteriormente invitarnos a comer, y a cenar y a pasar la noche, para después insistir en que nos quedáramos otro día para ir de excursión, y así sucesivamente hasta que teníamos que decir basta, que necesitábamos continuar viajando si queríamos salir de Irán antes de que se nos acabara el visado.

Las despedidas entre lloros, no sólo de la madre sino del padre, como si perdieran un hijo. Nos decían que éramos parte de la familia, que no nos podíamos ir, que nos iban a echar de menos… Y dada la experiencia que teníamos con el tarof pensaríamos que era un poco de paripé, pero semanas después continuaríamos recibiendo mensajes suyos recordándonos que nos echan de menos y que a ver si volvemos a su casa.

29. Welcome to Iran!

¡Gracias! “Welcome to Iran” (Bienvenido a Irán) es, para cualquier extranjero, la frase que más te repetirán a lo largo de cualquier día en Irán. Es materialmente imposible llevar la cuenta del número de veces que la escucharás.

En zonas rurales cualquier persona con la que te cruces te dará la bienvenida a su país, y en las ciudades cualquiera con la que entables conversación.

30. Noviazgos en Irán

Oficialmente no puedes tener un noviazgo, oficiosamente se tienen “amigos”, pero si una mujer pasa por varias amistades sin prometerse y casarse se la estigmatiza.

Cuando tienes una “novia” o “amiga”, no podéis pasar tiempo juntos solos. No está bien visto que un hombre y una mujer que no estén casados ni sean familiares pasen tiempo solos, y la policía os puede parar y pedir vuestra identificación.

31. Alcohol

El alcohol está prohibido en Irán, a excepción del usado en ritos religiosos por los armenios -así llaman a todo cristiano en Irán, ya que son de etnia armenia-.

El primer día en Irán acabamos en un parque, parando a rellenar las botellas de agua. En cuestión de segundos habíamos sido invitados a compartir alfombra con una familia iraní, y minutos más tarde el cabeza de familia levantaba un cojín para ofrecerme una botella de whisky.

Raro fue el día en Irán en el que no me ofrecieron alcohol, generalmente de alta graduación.

32. El dinero en Irán: Rial y tomán

A la hora de contar el dinero y de pagar hay que trabajar con grandes cantidades, ya que 1 euro equivale a 36.000 riales iraníes.

La confusión llega cuando la población iraní no te habla en riales, sino en tomanes. Y no sólo eso, sino que sin avisar ni mencionarlo, te muestran con gestos cuánto hay que pagar hablando en miles de tomanes.

Pero, ¿cuánto vale un tomán? Un tomán no son más que 10 riales, por lo que 1 euro equivale a 3.600 tomanes.

¿Qué utilidad tiene quitarle un cero a números que ya de por si tienen un montón de ceros? Poca o ninguna, pero el uso del tomán es una costumbre histórica y es una referencia que ha ido variando de valor durante los siglos dependiendo de qué moneda se usaba en Irán.

Actualmente hay movimientos para adoptar el tomán como nombre oficial de la moneda iraní, en lugar del rial.

33. Bancos. Cajeros. Casas de cambio

El sistema bancario iraní no está integrado con el sistema internacional a causa de las sanciones.

Tras el levantamiento de sanciones es de esperar que en algún momento se pueda hacer uso de tarjetas extranjeras en Irán, pero cuando yo estuve allí no era posible retirar dinero de los cajeros ni pagar con tarjeta VISA o Mastercard en ningún comercio.

Por otra parte, el sistema de cajeros iraní es el más prehistórico que he visto en mis viajes. Sufre colapsos diarios y los cajeros se encienden y apagan sin ton ni son. Del mismo modo, la red entera de cualquier banco se cae durante horas sin previo aviso.

34. Cajas de donaciones

Si te fijas, verás unas cajas a modo de hucha gigante en casi todas las calles. Son cajas de donaciones donde la gente puede dejar dinero para los desfavorecidos.

Es costumbre en Irán echar el cambio o las monedas que no quieras llevar en la cartera. Y, si te encuentras dinero en la calle, consideran que da mala suerte no depositarlo en estas cajas de donación. Eso sí, nadie fue capaz de explicarme cómo se utiliza ese dinero o quién lo gestiona.

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35. Ropa y normas de vestir

Hay que diferenciar entre las restricciones gubernamentales y la tradición.

Por norma, las mujeres deben de ir cubiertas tanto en la cabeza como en las piernas, hombros y brazos, y no pueden llevar ropa ajustada o que les marque el trasero.

Dependiendo de la zona del país en la que te encuentres estas normas serán aplicadas más estrictamente o matizadas todo lo posible.

En zonas más tradicionales será importante cubrirse los brazos hasta la muñeca, y en otros lugares se pondrán camisas con mangas que únicamente cubran los codos.

Por otra parte, en lugares tradicionales te mirarán mal si no vas vestido “correctamente”. Esto también se aplica a los hombres.

No es aceptable llevar pantalones cortos a no ser que estés haciendo deporte, y en dichos casos aún puede levantar miradas o reproches en zonas muy tradicionales. Aún así, si estás yendo en bicicleta -como nosotros- y eres hombre, es aceptable que vayas con pantalones cortos.

Por lo general, para los hombres, es más adecuado llevar camisas o camisetas de manga larga y no se deberían llevar camisetas de tirantes o camisetas que sean escotadas.

36. Internet y VPN en Irán

Internet funciona fatal, pero es posible comprar una SIM local con datos a bajo coste -y que normalmente funcionará mejor que las redes WIFI-.

Por otra parte, muchas webs extranjeras como Facebook o Google están bloqueadas en Irán, lo que hace necesario hacer uso de un VPN para acceder a internet.

Los niveles de bloqueo no llegan a los de China con su Great Firewall, por lo que hay varios VPNs que funcionarán adecuadamente. Pero muchos no. Y puede resultar complicado contratar un VPN una vez que ya estéis en Irán, así que mejor tenerlo listo antes de entrar en el país..

Entre los VPN gratuitos Betternet me funcionaba aceptablemente en el móvil. De los de pago el mejor con diferencia es ExpressVPN, el único con el que pude realizar cualquier cosa de trabajo o con el ordenador sin desesperarme. Además, si no estás contento con el servicio tienes 30 días para pedirles que te devuelven el dinero.

En 2015 la red social por excelencia en Irán era Instagram, ya que no estaba bloqueada. Y el servicio de mensajería universal era Telegram, que superó en popularidad a Viber.

Pese a la mala calidad de la conexión a internet, toda la gente joven estaba enganchada al juego de móviles Clash of Clans. Y todos se tiraban de los pelos cuando les lagueaba o se les iba la conexión a mitad de partida.

37. Caballo grande, ande o no ande

La población iraní lo quiere todo grande, que aparente, que se vea. De ahí que en casi todas las casas te encuentres pantallas de televisión enormes o altavoces 5.1 de gran tamaño pese a que no les den uso o ni se hayan molestado en configurarlos.

El tamaño medio de pantalla de móvil en Irán también es considerablemente más grande que en Europa, siendo prácticamente phablets todos los móviles que llevan en las manos -y bolsillos-.

38. Casas y decoración iraní

La decoración persa es “muy peculiar”. Hacen uso de colores muy chillones, estilo “sultán”. Sofás morados con cojines con picos y florituras… Tras varias semanas visitando casas iraníes nada te sorprenderá.

En general, las casas siguen la misma doctrina que con los aparatos electrónicos. Cuanto más grande, mejor. Las apariencias importan mucho en Irán.

39. Idealización de Europa y América

Como cualquier país relativamente aislado del resto del mundo, ven Europa y América como un lugar mejor. Unos países donde la vida es más fácil y se gana mucho más dinero.

Esto es bastante relativo, pero en nuestra experiencia la clase media iraní vive con bastantes holguras. Hay muchas facilidades para invertir y montar negocios y es relativamente fácil sacar adelante proyectos de todo tipo en Irán.

40. Problemas para obtener visa Schengen

No es fácil para un iraní obtener el visado para visitar Europa. A la hora de aceptar la solicitud se valorarán aspectos como estar casado, tener hijos, haber comprado una casa… Pruebas de que vas a volver.

Si tienes hijos será más fácil obtener el visado si tus hijos se van a quedar en Irán durante tus vacaciones europeas.

Si te la deniegan una vez es más complicado de obtener después. Este es uno de los motivos por el que muchos iraníes no intentan viajar a Europa hasta que tienen una vida hecha.

41. A nadie le gusta su gobierno.

Todos se sienten estafados. Tal vez a alguien le guste el gobierno que sufre, pero no me encontré con ninguno de ellos.

La crispación política en Irán y el rechazo al régimen es evidente. Nadie está contento con las restricciones ni el control.

Me quedo con la frase de un camionero sobre Irán: gente buena, gobierno malo.

42. A Estados Unidos le interesa un Irán inestable

O eso nos cuentan los iraníes. EEUU y sus socios en Oriente Medio prefieren un Irán débil, que no compita militar ni económicamente con los países socios de los americanos en la región.

43. El presidente iraní

Su actual presidente es bueno o, al menos, no tan malo como el anterior. Pero no tiene mucho margen de maniobra.

Supuestamente sus ideas e intenciones no son del todo malas, pero está muy limitado por el resto de poderes y no puede llevar a cabo grandes reformas.

44. Playas

En muchas playas iraníes está prohibido bañarse por el mero hecho de ser “muy profundas”.

En aquellas donde es posible bañarse, verás construcciones a modo de jaula en mitad de la playa, separando secciones de la misma.

Supuestamente las mujeres sólo deben bañarse en estas secciones de la playa para mujeres. Para que los hombres no las vean con las ropas mojadas, ya que hasta para bañarse deben de ir vestidas.

La mayoría de playas iraníes requieren pasar por una entrada y en muchos casos hay que pagar, sobretodo si vas con coche. En Irán hay también un puñado de playas que son exclusivas para mujeres.

45. Un pueblo laico

Pese a la presión gubernamental y las leyes sacadas de la interpretación que hace el gobierno del Corán, la población iraní es la más laica que me he encontrado desde que salí de Europa Occidental.

La mayoría de personas de familias musulmanas no practican la religión; no le dan demasiada importancia y, en confianza, dirán que no son practicantes o -en algunos casos- que son ateos.

No todos, por supuesto, pero es sorprendente que en un país tan islámico -o eso nos cuentan por la tele- la población no trasmita ningún sentimiento religioso.

Por supuesto, en zonas rurales y en sitios más tradicionales sí que se puede observar la religión siendo mucho más relevante en el día a día, y no sólo en los atuendos de la gente.

46. Familia extendida

En Europa estamos acostumbrados a familias nucleares, donde nos relacionamos con nuestros padres y hermanos y con los miembros más cercanos de la familia (tíos, primos y abuelos).

Hacemos amistades y nos relacionamos con todo tipo de personas que conocemos en diferentes ámbitos de nuestra vida.

En Irán todo queda en familia. Las amistades suelen ser familia lejana y las reuniones familiares son inmensas. Además, al tener una media de hijos superior a la europea, este efecto se multiplica.

47. Negocios familiares. Pagas y ayudas

Es común montar negocios entre toda la familia. Así como tener un fondo de ayuda familiar en el que todos ponen un dinero cada mes, y que es gestionado por uno de los familiares para realizar inversiones y para dar pagas y ayudas a aquellos miembros de la familia que puedan necesitarlo, ya sea por viudedad, enfermedad o problemas laborales.

48. Picnic. Al lado de la carretera

A los iraníes les encanta ir de picnic. Pero cuando llega la hora del bajarse del coche son muy vagos, llegando a extremos insospechados.

Son capaces de aparcar el coche junto a la carretera tan pronto como ven un cacho de verde, sacar las cosas del maletero y montar la alfombra -sí, alfombra- junto al coche, bien pegados a la carretera por no tener que cargar con todo unos cuantos metros más allá.

49. Parques en Irán

Hay parques por todos lados, y están muy cuidados. Es el centro social y de ocio para la gran mayoría de la población, y es donde se van a dar paseos, quedar con amigos, ir a correr o hacer picnic.

50. Parques para mujeres

Debido a la separación por sexos tan común en Irán, no es aceptable para una mujer el ir a correr o a hacer ejercicio en un parque junto con el resto de hombres. Ni ir sola a un parque donde habrá hombres desconocidos.

Por este motivo, hay parques que son únicamente para mujeres, donde a los hombres no se les permite la entrada y las mujeres pueden hacer deporte cómodamente sin ser molestadas u observadas.

Eso sí, incluso rodeadas de mujeres, seguirán sin poder quitarse el hijab y no harán grandes estiramientos. Ir al trote es aceptable, ir a la carrera no.

51. Variedades de frutas

Hay una gran variedad de frutas en Irán. Algunas que no había visto nunca. Pero a la hora de comprarlas es casi imposible hacerlo por unidades.

Siempre que quieras comprar en los mercados habrá que hacerlo al bulto, por kilos. Y no te dejarán escoger las piezas que quieras, sino que las cogerán por ti.

52. Pastel de arroz

El arroz es sagrado en Irán. No estoy hablando de una paella, sino de arroz blanco que hace de pan, de complemento para el resto de la comida.

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En casi todas las comidas habrá arroz, y la calidad y perfección del cocinado del mismo será motivo de honra o burla en cualquier reunión familiar.

La manera típica de cocinarlo es a modo de pastel. Se cocina a fuego muy lento y se pone mantequilla o patatas en el fondo de la cazuela, de manera que al darle la vuelta conserve la forma y quede esa corteza crujiente en la parte superior.

53. Ajo. Crudo, a bocados

En el Norte de Irán se comen muchos ajos. Muchísimos. Se los comen al natural, guisados, fritos o en vinagre. Usados como especia con la comida o sencillamente a bocados.

Dicen que es su secreto para un cuerpo sano. En caso de enfermedad -sea cual sea- te darán ajos, ya que lo curan todo.

54. Helados en Irán

Los helados iraníes están buenísimos. Son tan espumosos como los italianos y con una variedad de sabores sorprendente.

El pistacho se utiliza en una gran cantidad de sabores de helado, siendo muchos de ellos mezclas de frutos secos. Están todos buenísimos y es difícil pasar un día sin parar en una heladería. Además, son baratísimos.

Lo peor de pasar Ramadán en Irán fue el encontrarnos casi todas las heladerías cerradas.

55. Fotos y selfies en Irán

Yendo en bicicleta nos paraban constantemente para hacerse fotos con nosotros. Nos pedían selfies y si no parábamos nos harían fotos desde el coche. O nos grababan en vídeo mientras pedaleamos a su lado.

Dado que cada segundo conductor que pasaba quería hacernos parar para hacerse un selfie con nosotros, llegó un momento en el que intentábamos evitar estas paradas -cuando nos dejaban, ya que con frecuencia se nos cruzaban enfrente nuestro para asegurarse de que parábamos-.

A ratos nos llegamos a sentir como animales de feria. Si no parábamos irían 500 metros más adelante, pararían el coche y sacarían algo de comer haciéndonos gestos de parar a comer… Y así poder sacarse una foto con nosotros, mientras los monos -nosotros- se comían unos plátanos.

56. Curiosidad iraní

La gente iraní es extremadamente curiosa y abierta. Debido a las sanciones, a la falta de información y a las restricciones del gobierno iraní; no están acostumbrados a ver gente extranjera.

Por este motivo intentarán aprovechar cualquier oportunidad que tengan para charlar con alguien extranjero y practicar su inglés.

57. Gente en todos lados

Allá donde vayas habrá gente. Ya puede ser en una ciudad o en medio del campo. Llegó un momento en el que daba la impresión de que la gente aparecía por arte de magia detrás de un arbusto.

No importaba cuanto nos escondiéramos a la hora de acampar, siempre nos vería alguien. Y siempre vendrían a invitarnos a su casa, ya que eso de dormir en una tienda de campaña era muy peligroso.

Para Ilze esto era un problema ya que cada vez que necesitaba ir al baño necesitaba encontrar un aseo público -o alguien que nos invitara a su casa-, ya que era prácticamente imposible hacer sus necesidades en el campo.

58. Autostop en Irán

Hacer autostop en Irán es imposible. Eso no se hace en Irán. No te van a entender, eso no existe.

Eso es lo que me dijeron todas las personas a las que les conté que iba a ir en autostop a Teherán para renovar mi pasaporte, volver a Rasht, y después ir a Teherán de nuevo y de allí a Isfaján mientras gestionaba visados.

Ni lo intentes, no es posible. Y no hagas el gesto del pulgar hacia arriba, que en irán es semejante a enseñar el dedo corazón.

Es cierto que la población iraní no hace autostop y que todos los coches hacen de taxi en la carretera, recogiendo a gente haciendo gestos de parar, y pagando por el viaje.

Pero cada vez que salí a hacer autostop no tardé más que varios minutos -en caso de hacerlo en un mal sitio-. En buenos lugares para hacer autostop, el primer o segundo coche pararía cada vez.

No sólo eso, el día empezaría haciendo autostop y acabaría en casa del conductor con su familia pasando la noche, o la semana.

Cuando el conductor no hablaba nada de inglés me aseguraba de dejar claro en farsi que viajaba sin dinero“bee doona pool?”-, y una vez que parecían decir que estaban de acuerdo, les daba las gracias con un “salavaat”.

“Salavaat” es una palabra que tiene un trasfondo religioso y era usada durante la guerra entre Irán e Irak. La población ayudaría a los soldados iraníes con comida o una cama donde dormir, y estos les responderían “salavaat” en lugar de pagarles por el servicio prestado.

“Salavaat” quiere decir que dios te lo pague, que rezarás por ellos. Por supuesto, nadie espera que realmente te pongas a rezar, pero todos entienden que no vas a pagar con dinero cuando haces uso de esta expresión.

¿Te gustaría hacer autostop? Echa un vistazo a cómo hacer autostop y dónde hacer autostop.

59. Cirugía estética y narices

Érase un hombre a una nariz pegado, érase una nariz superlativa, érase una nariz sayón y escriba, érase un peje espada muy barbado.

Cuando Francisco de Quevedo escribió este soneto bien podría haber estado pensando en algún iraní, y no en Luis de Góngora.

La población iraní tiene narices prominentes, especialmente en Rasht -donde estuvimos de boda- y en otros lugares de la costa Norte del país.

Como en cualquier otro lugar del mundo, se ridiculiza aquello que los define y se considera atractivo lo contrario. Por lo que en Irán una nariz pequeña es sinónimo de belleza, mientras que en China una gran nariz te garantiza el éxito con el sexo opuesto. Sí, narigones, id a vivir a China.

La cirugía estética es un gran negocio en Irán, y es extremadamente común operarse la nariz. Este tipo de arreglos se realizan en muchos casos a edades muy tempranas, y es frecuente que tu futuro marido o esposa no sepa que te has operado. Lo cual puede resultar en divertidas situaciones al hora de dar a luz.

Aún así, operarse la nariz no es algo que se esconda, sino que es motivo de orgullo. Tras la operación hay que llevar unas tiritas o vendaje en la nariz durante varios días, y esto permite llamar la atención y mostrar a todos que te has puesto una nariz perfecta.

En algunos casos, y a falta de dinero para pagarse la operación, algunos hombres y mujeres se ponen el vendaje pese a no haberse operado para hacer creer a los demás que su nariz es objeto de envidia.

60. Tatuajes y cejas en Irán

Los tatuajes están prohibidos en Irán. Punto. No hay vuelta de hoja. Cualquier tatuaje se hace a escondidas y en zonas del cuerpo que no se vayan a mostrar. Y, en general, poca gente tiene tatuajes.

Las mujeres iraníes suelen tener cejas finas y con poco pelo. De nuevo, si tienes pocas cejas… Quieres más cejas.

¿El resultado? Se las pintan. Se pintan cejas enormes.

Pero, ¿qué relación hay entre cejas y tatuajes? Pues que para evitar tener que estar pintándose las cejas constantemente, muchas mujeres se tatúan estas cejas enormes.

Por algún motivo parece que este tipo de tatuaje no está prohibido, o al menos, no está perseguido.

61. Tiendas de lencería y salones de belleza ocultos

Las tiendas de lencería y los salones de belleza tienen algo en común en Irán: su aspecto externo.

Desde fuera nunca sabrás que tipo de negocio hay en su interior. Suelen tener los cristales tintados o cubiertos con algún material completamente opaco. No tienen anuncios de ningún tipo ni carteleras.

Si no te llevan, no las encontrarías. Y, por supuesto, son sólo para mujeres. A los hombres no se les permite la entrada.

62. Televisión por satélite y manipulación de los medios

Desconozco qué clase de canales tienen en Irán, porque nunca vi a nadie viendo la televisión local. Todas las casas tienen televisión por satélite. Absolutamente todas.

Desde las chozas hasta los palacetes, en todo Irán se ven antenas parabólicas colgando de cada edificio o granja. Y lo curioso es que están prohibidos, pero no importa, tan pronto como se los desconectan los vuelven a poner.

Según me contó la gente iraní, los canales locales y la prensa está totalmente controlada y manipulada, por lo que prefieren ver canales extranjeros.

63. La pregunta: ¿Qué opináis sobre Irán?

La pregunta más común que me hicieron en Irán, en cualquier conversación que superara los básicos -de dónde somos y si estamos casados y tenemos hijos-, fue la siguiente: ¿Qué opinas de Irán?

Realmente se trata de una pregunta doble. Quieren saber qué opinaba antes de venir y qué opino ahora, quieren saber qué opináis vosotros sobre Irán y si mi opinión tras haberlo visitado es diferente a la vuestra.

Quieren saber si pensamos que es un país lleno de terroristas y mala gente, tal y como creen (¿saben?) que nos cuentan los medios de comunicación; o si sabemos que realmente no son como los pintan.

Muchos hacen bromas al respecto, y cuánto menor es su nivel de inglés más graciosas y brutas pueden resultar.

Yo soy iraní, ¡pero no soy terrorista! Aquí no hacemos allahu akbar. Gobierno malo, gente buena.

Y, por supuesto, a todos se les ponía una sonrisa de oreja a oreja cuando les respondía que nuestra impresión de la gente iraní era inmejorable, que eran el pueblo más hospitalario que hemos conocido y que su comida es exquisita.