Couchsurfing en Phnom Penh

Nuestra visita a la capital de Camboya nos permitió reponer fuerzas, cocinar y escapar de las zonas turísticas gracias a Couchsurfing. En Phnom Penh pasamos unos cuantos días, visitamos mercados y templos, caminamos por sus calles, huimos de los conductores de tuk-tuks y hasta entramos en un típico karaoke camboyano.

Phnom Penh es una ciudad viva, donde la locura de motoristas y tuk-tuks dotan de una personalidad propia a la ciudad. El tráfico transmite dinamismo, riesgo y libertad. No hay reglas, no hay normas, no hay prohibiciones aparentes; todo vale con tal de avanzar, con tal de llegar primero.

Cruzar las calles de la capital camboyana requiere de un sexto sentido. Olvídate de las luces de los semáforos; no cuentan y, de hecho, rara vez las encontrarás. Olvídate de los pasos de cebra, no tienes ninguna prioridad. Lánzate a la carretera y esquiva las motos que se aproximen, tras un par de días en la ciudad te acostumbrarás a driblar motoristas y te sentirás como pez en el agua. Libre.

Monjes budistas paseando por las calles de Phnom Penh

Monjes budistas paseando por las calles de Phnom Penh

Una de las mañanas en Phnom Penh pudimos observar como los monjes budistas paseaban por la ciudad descalzos, vestidos con túnicas naranjas y cargados con cestas. La gente paraba a su paso, rezaba y rellenaba sus bolsas con alimentos y dinero. Un par de golpes en la puerta adecuada -¡noc noc!- y el inquilino de turno salía apresurado a complacer a los monjes que esperaban pacientemente enfrente de su casa.

Para entonces los olores de la comida callejera nos habían hecho recorrer un par de calles, parando en cada tenderete y comprando dulces y salados por céntimos de euro. Parando junto a vendedores de cocos, de noodles o de fritangas; y tras babear un poco decidirnos a hacer otra comida extra.

Fritangas dulces en las calles de Phnom Penh

Callejeando topé con la versión camboyana de nuestros churros

Durante las visitas a los templos fue secuestrado por un anciano que insistió en enseñarme el interior de una de las criptas. Allí nos arrodillamos frente a un buda y, tras diversas reverencias y bendiciones, así como un par de sonrisas, continué mi camino por Phnom Penh.

Buda en un templo de Phnom Penh, Camboya

Bajo la vigilante mirada de este buda

¿Algún lugar destacable en Phnom Penh?

Un lugar que sobrecoge es el Museo del Genocidio –Tuol Sleng Genocide Museum. Se trata de una antiguo colegio que fue reformado para realizar las funciones de prisión por el régimen comunista del Khmer Rouge. Durante los fatídicos años de 1975-1979 las atrocidades que acontecieron en Camboya se escenificaron en este antiguo colegio.

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Su visita puede considerarse como un viaje a una pesadilla, no apto para los más sensibles. Un paseo por los edificios que forman el centro nos permite observar como convirtieron aulas en prisiones, construyendo pequeñas celdas de 1 ó 2 metros cuadrados con ladrillos y tablones, así como utilizando clases de mayor tamaño como celdas comunes.

Museo del Genocidio en Phnom Penh, Camboya

Desde fuera, si no fuera por las rejas, aún pensaríamos que se trata de un colegio

Interior del Museo del Genocidio Tuol Sleng en Phnom Penh, Camboya

Una vez dentro de clase la cosa cambia

Un paseo por el horror y la crueldad humana que no dejará a nadie indiferente.

¿Alguno de vosotros ha estado en Phnom Penh? ¿Con qué os quedáis de vuestras experiencias en la capital camboyana?