Primera parada: Kuala Lumpur

Después de las 12 horas de vuelo con Air Asia llegamos a la capital de Malasia: Kuala Lumpur. El vuelo tampoco es que fuera tan duro como pueda parecer. Bastante aburrido y sin espacio para mover las piernas, ¡pero qué se puede pedir pagando unos 200€ por persona con todas las tasas incluidas!

El primer paso una vez allí fue acostumbrarse a la moneda local:

4.2 Ringgits son 1 Euro. Los billetes más pequeños son de 1 Ringgit.

Una vez en el aeropuerto necesitábamos coger un autobús hasta la ciudad ya que estaba bastante lejos, el más barato que encontramos eran 8 ringgits por persona. No nos parecía demasiado caro y hacer autoestop desde allí parecía complicado, así que lo cogimos.

Una vez en la estación de autobuses tuvimos que tomar dos trenes urbanos para llegar hasta los suburbios de la ciudad, donde habíamos quedado con nuestro host de couchsurfing. El transporte público en Kuala Lumpur no es nada eficiente, cada vez que cambias de linea tienes que salir y volver a entrar, lo que provoca inmensas colas para comprar billetes durante las horas punta. Afortunadamente, y después de un día allí, te terminas acostumbrando al sistema de transporte malayo.

En KL (así es como llaman los locales a la capital) nos chocó sobremanera el contraste entre las pequeñas casas de la clase más pobre y los inmensos rascacielos que pueblan el centro de la ciudad. Las Twin Towers son el simbolo de la nación y están en la zona más céntrica de la ciudad, totalmente rodeadas por una inmensa cantidad de rascacielos que las ocultan hasta que no estás en las más inmediatas proximidades. Una de las torres es propiedad del gobierno malayo y otra de un multimillonario indio.

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Kuala Lumpur está plagada de grandes centros comerciales, allá donde vayas encontrarás uno detrás de otro. La sociedad malaya, al menos los habitantes de su capital, transmiten un espíritu excesivamente consumista y capitalista; el aparentar es más importante que el ser para muchos de ellos.

Cuando llegamos eran los días finales de la temporada de rebajas, por lo que pudimos ver pantalones vaqueros por unos escasos 10 ringgits. Así que, si alguno está interesado en abrir una tienda de ropa malaya, ¡que no dude en contactarnos para tramitar el envío!

A pesar de la abundancia de superficies comerciales pudimos descubrir el bullicioso China Town, las espirituales Cuevas de Batu y el hermoso y tranquilo Parque del Lago. La mezquita nacional, la antigua estación de tren así como largas caminatas por la ciudad fueron otros de nuestros entretenimientos.

Tuvimos serios problemas para entender a la mayoría de la gente, pese a que se supone que todos ellos hablan inglés. El caso es que no se trata del inglés británico ni americano al que podemos estar acostumbrado, ¡lo que hablan es Inglés Malayo! Su acento es realmente complicado de comprender, pero ellos hablan con total fluidez, por lo que tienes que tener los cinco sentidos alerta para no perderte.

En Kuala Lumpur empezamos a probar la cocina local, lo que se tradujo en la ingesta continua de noodles y arroces. Eso sí, con diferentes salsas, vegetales, pescado y carnes. Resultó bastante barato, apenas 6 ringgits por comida y persona en restaurantes y puestos normales, aquellos a los que va la gente local.

Ilze descubrió lo que entienden por vegetariano en Malasia, a menudo tuvo que pescar pedazos de pollo entre sus noodles o arroces. ¡Ella no comprende que el pollo se considere vegetal! Otros, tras una larga charla sobre cuándo empezó a ser vegetariana, le preguntan si no come pollo, cerdo o ternera.

Noodles para desayunar en un restaurante indio

Durante los días que pasamos allí la lluvia nos acompañó con frecuencia, si bien en ningún momento llegamos a sentirnos mojados debido al excesivo calor, de hecho llegamos a echarla de menos aquellos días donde no cayó ni una gota.

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En total pasamos 3 noches en Kuala Lumpur, aunque se nos hizo como 5 días debido al desfase horario. Tras la siesta que nos echamos el primer día nos dio la sensación de pasar dos días en uno.

Desde KL nos dirigimos a Melaka, a donde pensábamos haber ido haciendo autoestop, si bien la lluvia y los baratísimos precios de los autobuses nos hicieron cambiar de idea. Al final pagamos 9 ringgits por persona por un viaje en autobús de 2 horas a la ciudad de Melaka; pero esa es otra historia que dejaremos para otro día.