Nuestras nuevas bicicletas a prueba en el invierno inglés

¡Ya tenemos bicicletas para viajar alrededor del Mundo! Nuestras nuevas e inseparables compañeras de viaje ya comparten habitación con nosotros.

La pasada semana fuimos por segunda vez a la fábrica de Thorn en Bridgwater; esta vez para probar, pagar y recoger nuestras nuevas bicicletas.

Tras verlas por primera vez y tras unos breves ajustes, salimos a rodar con ellas por los alrededores de Bridgwater. Ni la lluvia, ni el viento, ni el cansancio que llevabamos acumulado estropeó una primera impresión positiva. ¡Finalmente teníamos nuestras bicicletas! ¡Ya tenemos todo lo necesario para nuestra próxima aventura de viajar alrededor del Mundo en bicicleta!

Horas más tarde, con las escasas horas de luz ya terminadas, cogimos un tren hasta la estación central de Bristol; desde donde probaríamos nuestras bicicletas otro poco pedaleando hasta otra estación, unos 15 kilómetros dirección Norte.

Primer vistazo a nuestras nuevas bicicletas en la tienda de Thorn

Primer vistazo a nuestras nuevas bicicletas en la tienda de Thorn

Primera experiencia viajando en bicicleta en invierno

No habíamos tenido en cuenta que se nos haría tan tarde, así que no teníamos luces; no tuvimos tampoco en cuenta que nuestras zapatillas de montaña se empaparían con la lluvia constante; no repasamos la ruta más allá de un par de vistazos al mapa: nuestro viaje fue toda una odisea.

La lluvia de Bridgwater se había transformado en nieve en Bristol, y nuestro desconocimiento de la ciudad implicó un increible rodeo para llegar a nuestro destino. Debido al frío todos nuestros aparatejos (móvil y tablet) murieron temporalmente, algo que nunca me había pasado anteriormente, así que nos tocó recurrir al olvidado mapa de papel.

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Cuando finalmente entramos en la ruta ciclista que va en dirección Norte, nos llevó campo a través. Nos hizo cruzar granjas, túneles sin ninguna iluminación, subidas y bajadas en colinas completamente nevadas. Nuestras bicicletas aguantaron sin problemas, parecieron responder mejor que nosotros; estábamos exhaustos.

Llegamos a un punto donde unos simpáticos niños ingleses habían levantado un muro de varios metros de alto en el sendero que nos llevaba hasta nuestro destino; por lo que nos tocó dar otro rodeo y buscar una ruta alternativa.

Las gafas de protección (tipo esquí) que había comprado se empañaban por completo constantemente, por lo que iba a cara descubierta, copo de nieve tras copo de nieve entrando en mis ojos. No quedaba otra que apretar los dientes y seguir pedaleando hasta llegar a nuestro destino.

Cosas a tener en cuenta para viajar en bicicleta en invierno

Cuando finalmente alcanzamos nuestra meta, y tras comprobar que habíamos llegado a tiempo para coger nuestro tren de vuelta a Mánchester, pudimos revisar el estado en el que nos encontrábamos para aprender de nuestros errores.

  • Las gafas de protección (goggles) se empañan constantemente, casi me estampo contra una valla que no vi hasta encontrarme a medio metro. Tal vez sea mejor comprar unas gafas normales de ciclista con cristales amarillos para ver cuando no haya luz. Los frenos de la bicicleta funcionan de maravilla, no me dejé los dientes de milagro.
  • Nuestras chaquetas impermeables funcionan perfectamente. Tal vez demasiado bien. Estábamos completamente mojados debido al sudor. No nos hace falta llevar tanta ropa debajo, hay que tener cuidado para no abrigarse más de la cuenta cuando viajamos en bicicleta ya que sino es peor el remedio que la enfermedad.
  • Mis pantalones repelentes de agua son prácticamente impermeables, no estaban mojados en el interior y la humedad desapareció rapidísimo. Los de Ilze, supuestamente impermeables, son de adorno.
  • Nuestros guantes de invierno son impermeables y realmente calurosos, tal vez demasiado. Habrá que llevar otros más finos para cuando no haga demasiado frío.
  • No se puede viajar en bicicleta con zapatillas de montaña, al menos no si está lloviendo. Nuestros pies acabaron completamente empapados y helados durante nuestro regreso a Mánchester. Tuvimos que recurrir a bolsas de plástico ya que se nos acabaron los calcetines secos.
El frío y la falta de calcetines secos nos llevó a utilizar bolsas de plástico como calcetines

El frío y la falta de calcetines secos nos llevó a utilizar bolsas de plástico como calcetines

Estábamos cansados, hambrientos, destrozados, helados, tiritando… Y, por primera vez en varios meses, estábamos sonriendo de nuevo. Esa sonrisa que se dibuja en nuestras caras cuando viajamos, cuando tenemos una aventura, cuando nos sentimos vivos.