Los Alpes en bici y los 1996 metros del Colle della Maddalena

Tras una semana recorriendo la costa francesa, el cuerpo nos pedía montañas.

La idea original era ir bordeando el mar, pero apenas tardé un par de días en convencer a Ilze que aquello era demasiado aburrido, que atravesar pueblos y ciudades turísticos en temporada alta no tenía demasiada gracia y, sobretodo, que hacía demasiado calor.

Nuestra última parada Mediterránea fue en Marsella, donde nos acogió otro Pablo viajero y su familia; y desde allí comenzamos a subir por la Provenza francesa. Buscamos los campos de lavanda pero llegamos tarde, hacía un par de semanas que habían recogido la cosecha.

Girasol en la Provenza francesa

A falta de lavanda, y pese a la decepción que supuso para Ilze, pedaleamos junto a preciosos campos de girasoles que nos alegraron los días. Las carreteras secundarias por dicha zona nos permitían disfrutar sobre la bicicleta: poco tráfico y paisajes hermosos, entre montañas y junto a ríos.

Recuperando fuerzas en Digne

Provenza francesa en bicicleta

Llegamos a Digne cansados del movimiento continuo y diario; deseando descansar. Nuestro primer anfitrión de Warmshowers en la Francia veraniega nos ofreció eso mismo. Paramos un par de días en compañía de Eric y su hijo, compartiendo tiempo y conversación, comidas y paseos. Ventajas de viajar sin prisa, sin calendarios, sin destino, sin fecha de vuelta.

Disfrutamos de su compañía y nos recargamos de energía tras más de una semana durmiendo en la tienda de campaña, practicando acampada libre; siempre a la intemperie, siempre al aire libre. Se disfruta, pero acaba agotando, se agradece el descanso y la protección de un hogar, al menos de vez en cuando.

Los Alpes en bicicleta

El comienzo de los Alpes en bicicleta

Una de las rutas que más hemos disfrutado en lo que llevamos de pedaleo fue la que nos llevó desde Digne hasta Cuneo, en Italia. Pedaleando por carreteras secundarias cuando se podía, y por carreteras de montaña -tranquilas de todos modos- el resto del tiempo.

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Surcamos ríos, a pedales y a contracorriente. Ascendimos hasta los 1400 metros para volver a descender, para disfrutar de un gran lago, y posteriormente escalar el puerto de la Maddalena y sus 1996 metros.

Mirador del lago en los Alpes

Una carretera que, supuestamente, está prohibida para ciclistas. El motivo es que, en ocasiones, hay desprendimientos; por lo que han instalado cámaras y semáforos para controlar, avisar y cortar el tráfico en caso de desprendimiento, y no quieren responsabilizarse si un ciclista cruza el semáforo en verde y no llega al otro lado antes de que se ponga rojo a causa de dichos desprendimientos. Aún así, en dicho puerto nos cruzamos con casi tantos ciclistas como conductores, por lo que nadie se toma la señal demasiado en serio.

Prohibido para ciclistas

No nos lo pensamos dos veces, más que para sacar la foto. Una subida que se disfruta, sin una pendiente excesiva pero constante, y con hermosas vistas y paisajes.

Puerto en bicicleta

¡Un remanso de paz y tranquilidad! Pedaleando por estos caminos liberas tanto estrés como en esos cursos de yoga que te anuncia el gimnasio de la esquina.

Acampada libre en los Alpes

Acampada libre en los Alpes

Este paisaje nos invitaba a pasar otra noche en nuestra tienda de campaña, en mitad de las montañas. Un kilómetro más allá había un camping de esos horribles, de los que parecen aparcamientos de caravanas, mientras nosotros disfrutábamos de la naturaleza sin interferencias ni dinero.

Ahí hicimos uso de nuestro alojamiento de quita y pon, cena y desayuno. La primera bajo las estrellas, y el segundo con el verde de las montañas a nuestro alrededor.

Desayuno en los Alpes

¡Vaya hambre teníamos aquella mañana!

El Colle della Maddalena en bici

Cruzando la frontera con Italia

A la mañana siguiente completamos la ascensión, 1996 metros de altitud, y cruce de frontera. ¡Estábamos en Italia! Poco más allá descubrimos un lago paradisiaco, y comenzamos el descenso hacia la planicie del Norte de Italia.

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A diferencia de la ascensión, el descenso era bastante más inclinado, con el inconveniente de tener una sucesión de una veintena de curvas cerradas; lo que nos forzaba a frenar continuamente y no disfrutar tanto del cambio de paisajes.

Descenso en los Alpes en bicicleta

Tras los primeros kilómetros de tranquilidad por carreteras italianas, nos comenzamos a encontrar con algo de tráfico pesado; pero afortunadamente coincidió con la llegada a un valle, donde encontramos una carretera secundaria -al otro lado del río- que no tenía nada de tráfico y que era una gozada para ir en bicicleta.

Pueblo italiano en los Alpes

Y de allí hasta Cuneo, sin mirar atrás, pero lamentándonos por abandonar los Alpes, por adentrarnos de nuevo en largas carreteras rectas y planas. El retorno al bullicio provocado por coches y bocinas, el abandono de la naturaleza salvaje.

Será por eso que decidimos volver a subir hacia el Norte para cruzar a Eslovenia por los Alpes Julianos, en lugar de hacer la ruta fácil y sencilla y cruzar a Eslovenia por la costa.